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lunes, 19 de octubre de 2009

GRUPOS CONSERVADORES INTENTAN FRENAR LA DISCUSION SOBRE EL ABORTO CON DENUNCIAS, AMENAZAS Y PRESIONES

Métodos para interrumpir un debate pendiente

Un juez echado de la UCA. Médicos desplazados. Legisladores y concejales amenazados. Denuncias con argumentos falaces. Cómo los grupos autodenominados “pro vida” y otros sectores ultras intentan evitar que se amplíe el debate sobre el aborto.

Por Mariana Carbajal

Un juez de un alto tribunal del país fue echado de la Universidad Católica Argentina (UCA), donde se desempeñaba como profesor de un posgrado en Derecho Administrativo, como consecuencia de haber avalado en un fallo la realización de un aborto terapéutico, no punible, claramente contemplado en el Código Penal. Un cirujano y ginecólogo pampeano fue desplazado del principal hospital de Santa Rosa donde se desempeñaba, tras promover la realización de ligaduras tubarias sin obstáculos arbitrarios y apoyar la práctica de abortos no punibles sin exigir una autorización de la Justicia. En Rosario, los concejales que aprobaron una declaración que pide al Congreso que debata los proyectos que legalizan la interrupción voluntaria de embarazo (IVE) recibieron fuertes presiones y amenazas de muerte de grupos antiderechos vinculados a la Iglesia Católica. Son algunos ejemplos, recogidos por una investigación de Página/12, de los mecanismos que usan los sectores más conservadores para intentar impedir el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos en el país y censurar la apertura de un debate amplio en torno del problema del aborto en la Argentina: presionar, hostigar, denunciar y sancionar –sin dejar por escrito la razón– a quienes respaldan el acceso al aborto, incluso cuando la IVE está dentro del marco de la ley vigente, y también apelar a fuentes poco calificadas para sostener sus posiciones son dos de las estrategias que vienen desarrollando en el país, junto con la presentación de amparos en distintos tribunales para prohibir la distribución de anticonceptivos.

“Hay intentos de los sectores fundamentalistas para frenar el debate. Estos grupos utilizan mecanismos democráticos como recursos de amparos y denuncias para impedir el ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos y el debate del aborto. A nosotras nos quisieron silenciar”, contó a Página/12 Marta Alanís, coordinadora de Católicas por el Derecho a Decidir-Córdoba e integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

En 2004, CDD-Córdoba fue notificada de una denuncia presentada por el abogado Jorge Scala ante la Dirección de Inspección de Personas Jurídicas, con el objetivo de que se cancelara la personería jurídica de la que goza desde 1998. Scala lo hizo en su carácter de representante legal de Portal de Belén y Asociación Civil Mujeres por la Vida, agrupaciones autodenominadas “pro vida” que a comienzos del año 2003 hicieron suspender la vigencia del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable y mantienen abiertas varias causas en la Justicia cordobesa en las que reclaman que se declare inconstitucional la entrega gratuita de anticonceptivos y se prohíba también su comercialización. Scala cuestionó dos de los objetivos de la entidad definidos en su estatuto: el que se refiere al compromiso de la organización por “esclarecer a la sociedad sobre la responsabilidad y el derecho de las mujeres a una maternidad escogida y deseada”, y el que se propone “profundizar la discusión en relación con la interrupción voluntaria del embarazo, ampliando el debate con relación a los aspectos médicos, legales y principalmente éticos”. CDD fue obligada a defenderse. En la pulseada, la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, encabezada por Eduardo Luis Duhalde, pidió a la Dirección de Inspección de Personas Jurídicas que no hiciera lugar al pedido. Finalmente el planteo de los grupos antiderechos fue desestimado.

Ahora la persecución la sufre una integrante de la comisión directiva de CDD-Córdoba, la médica tocoginecóloga y docente universitaria, ex directora del Hospital Rawson de la ciudad mediterránea Gladys Ponte. Fue denunciada a fin de 2008 por supuesta mala praxis por defender el uso del DIU acorde con la OMS. Ponte es coordinadora del Curso de Posgrado en Derechos Sexuales y Reproductivos con Perspectiva de Género que lleva adelante CDD en alianza con la Facultad de Ciencias Médicas de Córdoba desde hace cuatro años. En la última clase del año pasado, una médica que no era alumna la presenció, y expresó su disidencia en cuanto a los criterios para el acceso al DIU. Ponte tuvo que presentar descargos ante el decano de la Facultad de Ciencias Médicas y el Tribunal de Etica del Consejo Médico de la provincia.

Los tentáculos de quienes pretenden que el aborto siga siendo un tema tabú son largos. Y aprietan. Lo experimentó un juez de un alto tribunal que daba clases de Derecho Administrativo –ni de Bioética ni de Derecho de Familia ni de Derecho Penal– en un posgrado de la UCA y que después de avalar la realización de un aborto terapéutico en 2005 fue desplazado del cargo académico como consecuencia de su fallo, que no hizo más que respetar el cumplimiento de la ley. El aborto terapéutico lo había solicitado en un hospital una mujer con graves problemas cardíacos y le habían exigido una autorización judicial. El caso estaba claramente contemplado entre los permisos que otorga el Código Penal en su artículo 86 inciso 1º. Pero el magistrado tuvo su dura reprimenda. El episodio fue ampliamente comentado en el ámbito del Derecho Administrativo, especialidad del juez, pero nunca trascendió a la prensa hasta ahora. Meses después lo “desinvitaron” del principal congreso de la especialidad que se realizaba en Buenos Aires. La misma represalia sufrió la jueza de la Suprema Corte mendocina Aída Kemelmajer de Carlucci, conocida por sus posiciones a favor de la despenalización del aborto. Pero por presiones de otros colegas, indignados por la decisión, ambos fueron nuevamente invitados. Kemelmajer no concurrió.

Es también conocido en los círculos médicos el caso de un profesional con larga trayectoria en un hospital privado de renombre de la ciudad de Buenos Aires a quien se le cortó la posibilidad de ascenso hasta la jefatura del servicio por plantear en los medios de comunicación su posición a favor de la despenalización. La nueva conducción que asumió al frente de la Sociedad de Obstetricia y Ginecología de Buenos Aires (Sogiba), con Jorge Vinacur al frente, impulsó en 2008 la aprobación –dentro del plan estratégico de la entidad– de un compromiso de apoyar y respaldar a los miembros que fueran sancionados en algún ámbito por hablar del aborto a favor o en contra: no hubo consenso, los votos contrarios fueron mayoría en la comisión directiva. Es otro ejemplo de cómo los sectores conservadores obturan el debate. Sogiba, la principal entidad médica de su especialidad por cantidad de miembros –unos 1500, con un sistema muy restrictivo de ingreso– tiene como responsable de su revista científica y de la página web a un médico catequista, Javier Bidaurreta. Con la nueva conducción, soplan algunas brisas más “progresistas”, pero las posiciones de la institución en torno de la anticoncepción han estado históricamente más cerca del Vaticano que de la ciencia y la defensa de la salud de las mujeres. Frente al aborto –-hasta ahora–, siempre ha preferido el silencio.

Enturbiar la posibilidad de una discusión sincera ha sido una de las estrategias de los sectores conservadores, vinculados con la Iglesia Católica. En Rosario, el 21 de agosto de 2008 el Concejo Deliberante aprobó por amplísima mayoría (17 a 3) una declaración por la cual pidió que el Congreso Nacional trate los proyectos que proponen la despenalización y legalización del aborto. Los y las concejales que apoyaron la iniciativa, promovida por la socialista Marisa Pugliani, recibieron amenazas de muerte a través de sus correos electrónicos. Los concejales no pidieron otra cosa que el debate. “Votaste a favor de la muerte y de tu muerte. Así como tengo tu dirección de correo, también tengo la dirección de tu casa y también puedo encontrarte camino al consejo (sic). Es muy fácil”, decían los mensajes que les llegaron a sus casillas de e-mail, para amedrentarlos y hostigarlos tras la votación.

Las amenazas se repitieron a diputadas que apoyaban la aprobación de un proyecto presentado hacia fin de 2008 por tres kirchneristas en la Cámara de Diputados de la Nación para clarificar los alcances de los permisos previstos en el Código Penal. El tratamiento quedó finalmente congelado porque no hubo consenso en el bloque oficialista.

El tocoginecólogo y cirujano Fernando Giayetto fue desplazado a fines de julio del Hospital Molas, de la capital pampeana, y enviado a atender a un centro de salud de Santa Rosa. No tiene dudas de que su posición ideológica fue el detonante del confinamiento: Giayetto milita en la organización Mujeres por la Solidaridad, que apoyan la despenalización del aborto. Además, promovió en la provincia la aplicación de la ley de anticoncepción quirúrgica desde el cargo que ocupó como coordinador de Salud Sexual y Reproductiva, realizaba las ligaduras y defendía la práctica de los abortos no punibles sin judicializarlos: entre 2007 y 2009 hubo cinco casos en el Hospital Molas que se resolvieron sin que trascendieran a la prensa. El gobierno de Oscar Jorge finalmente lo neutralizó al designarlo en una salita. Una de las primeras medidas tomadas por el gobernador justicialista al asumir fue vetar una ley sancionada por la Legislatura que establecía un protocolo de atención a los abortos no punibles en los hospitales público. El veto había sido reclamado abiertamente por la jerarquía católica local.

Imagen: Sandra Cartasso

jueves, 8 de octubre de 2009

“Embarazo no deseado es violación”

ACERCA DE LA DESPENALIZACION DEL ABORTO

La autora –ex directora de la Especialización en Psicoanálisis de la Asociación de Psicólogos de Buenos Aires– sostiene que “cuando la mujer no desea un embarazo pero la preñez prosigue, ese embarazo pasa a ser una violación insoportable de su cuerpo y su mente, parasitados como mero envase de una ajenidad que progresa sin su consentimiento”.

Por Isabel Lucioni *

Continúa en el mundo el debate sobre la despenalización del aborto, enfrentados los que la sostienen a los mal llamados “no abortistas”, que deberían llamarse “criminalizadores del aborto”. Partamos de la base de que nadie hace campaña propagandizando las bondades de los abortos. El embarazo no aceptado es una penosa circunstancia indeseada siempre, salvo alguna persona que tenga problemas psicológicos (he tenido pacientes mujeres que quisieron probar neuróticamente su fertilidad aun a costo de abortar. No obstante, han sido dos a lo sumo).

Pero la sexualidad y su impulso, fortísimo, hace que suela haber impericia, tanto de informados como de ignorantes, o que se juegue una adolescente y notable despreocupación sobre las responsabilidades que implica la sexualidad; tanto por la transmisión de enfermedades como por la producción de niños que merecen todo el amor y las obligaciones que los padres y la sociedad tienen para tornarlos sujetos humanos.

Dicha impericia y despreocupación deriva por supuesto de las faltas hogareñas y escolares para incluir la sexualidad y ese placer, desde los más tiernos años según nivel de preguntas o de cuestiones que plantee el niño. En una encuesta reciente publicada por un periódico, el 50 por ciento de los estudiantes secundarios no había recibido la educación que por ley se les debe dar; eso muestra hasta qué punto el prejuicio de origen religioso domina las mentes de maestros que, como los padres, no tienen que ser “especialistas en sexualidad”: deben haber tenido la curiosidad y responsabilidad de informarse por su propia vida primero. No debe transformarse la sexualidad en un patrimonio de los médicos ni de especialistas, debe ser parte del yo de realidad de todas las personas.

No se nace siendo humano, con los genes del genoma humano no alcanza para lograr ese estatuto; es necesario el alimento, el amor, el nido de significaciones transmitidas con el habla, los gestos y el lenguaje de los cuidadores inmediatos y los mensajes de los grupos sociales en los cuales los cuidadores inmediatos están inmersos. Algún día deberá entenderse que ser madre y padre es y debe ser más que un derecho, una responsabilidad; y que cada embrión, más que derecho a nacer, si nace, tiene la ardua responsabilidad de humanizarse; y lo tiene que hacer en sociedades con mayores o menores niveles de contradicción e injusticia; sociedades en las que no es verdad la igualdad de oportunidades y la igualdad ante la ley es un enunciado formal.

A un niño que se muere de hambre no se le ha dado, porque nació, el derecho a la vida: se lo ha condenado a una muerte inmediata en vez de la muerte relativamente lejana a la que llegaremos todos los bien comidos, amados y educados, sea como lo hayan podido hacer nuestras familias. Un dulce autor psicoanalítico como Winnicott dice que lo que nace es una dotación heredada y que se convierte en criatura sólo con la solícita recepción de la madre, se humaniza sólo en la interacción con la madre que lo ama; así nace la mente subjetiva. La básica noción de “yo soy” necesita lo que Winnicott llama “una madre suficientemente buena”; esta madre no tiene que ser letrada ni informada por pediatras y puericultoras: tiene que amar y desear a su bebé como para que exista empatía con él.

Otro autor, en este caso filosofante, como Lacan, sostiene que nacemos con “carencia de ser” y que sólo nuestra entrada en las relaciones con las personas y el ordenamiento simbólico como el lenguaje nos hacen sujetos, humanos (aunque a Lacan no le gustaría este último término). El genoma humano es condición antecedente, condición necesaria pero no suficiente para que la potencialidad se transforme en humanidad. Muchas disciplinas sociales están de acuerdo en que el amor de los padres, y sobre todo de la madre, son también condición necesaria para que una combinatoria genética devenga humano.

El pensamiento religioso, especialmente el católico, cree y propaga que la combinatoria genética es un ser humano, que es un bebé. Ese pensamiento infiltra a círculos letrados y científicos: aquellos que no renuncian al consuelo por la muerte y por las injusticias de este mundo que brinda la religión.

Para ser embrión, feto y finalmente bebé, esa combinatoria genética necesita el cuerpo de la madre: biológica y médicamente es un parásito del cuerpo materno, que debe ponerse a su servicio hasta después de nacer, sumando el amamantamiento al servicio de embarazo. Es una individualidad biológica que no tiene autonomía biológica y por lo tanto es incapaz de ser individuo; está atada al cuerpo de la madre. Los servicios prestados a la dotación o combinatoria genética son una parte definitoria de la dicha que puede alcanzar una mujer en su vida, cuando su cuerpo está vitalizado por el deseo de su mente, el de tener un hijo para dar un humano más a la humanidad.

Entre mis pacientes, a lo largo de una vida que ya no es corta, encontré personas con dos clases de reacciones frente a la acción de abortar –como todo el mundo sabe, abortar ya se aborta, con ley o sin ley–: para las primeras, que tienen la creencia de que ya en el primer trimestre se trata de un bebé, el impacto del aborto es traumático y, sin influirlos en la decisión como corresponde a una psicoanalista, los he acompañado en la asunción de sus decisiones: sea la elaboración de la aceptación de ese embarazo y parto, sea la elaboración del trauma o del duelo por lo que ellos suponen que es un bebé perdido, aunque yo no comparta ese supuesto.

La otra reacción es de los que creen o saben que es una combinatoria genética: permitiéndole nacer, arruinarían esa vida y arruinarían también la de ellos, al producir un violento cambio de los objetivos que han proyectado para enfrentar las dificultades del existir. Si no hay deseo y preparación para dar existencia al bebé, éste es un peso insoportable cuya presencia producirá llagas inevitables en la humanización, en la constitución subjetiva del chico y en la vida de los padres, aunque sea la llaga de la resignación.

Pero indudablemente la protagonista es la mujer. Su deseo es inalienable, puesto que su cuerpo y su psiquismo son los parasitados por el embrión. Si lo desea, ya será una mamá embarazada –se está empezando a saber acerca de las influencias prenatales que tienen las emociones de la madre–. Si no lo desea y la preñez prosigue, el embarazo es una violación insoportable de su cuerpo y su mente, parasitados como mero envase de una ajenidad que progresa sin su consentimiento y que puede llevar a la violencia de un infanticidio. Así con Romina Tejerina, la joven que, habiendo sido violada, mató a puñaladas a su recién nacida. ¿Por qué no la dio en adopción? Porque odiaba ese fruto de una violación cuyo desarrollo la violó por segunda vez.

Embarazo, parto y amamantamiento son hechos conmocionantes en la vida, en el alma de una mujer, magníficos y enaltecedores de su autoestima si los ha deseado, violatorios y traumáticos si no los desea. Pocas experiencias satisfacen tanto como la violencia del parto deseado, con la ultraconcentración de atención, la reunión de todos los sentidos y fuerzas físicas y mentales: es magníficamente violento, pero violento. El amor, en el marco de ese dolor y ese esfuerzo, testimonia la enorme fortaleza de las mujeres. No deseado ni asumido, es un castigo de la biología, que funciona como una máquina no deseante e intrusiva en la propia subjetividad; máquina desubjetivizante, junto a la sociedad pacata que dice creer que hay una vida humana, un alma, incrustada en una combinatoria genética.

La condición de la mujer como sujeto es confrontada, por parte de la sociedad, con una subjetividad que no es, con una personalidad potencial, que sólo será “alma” si la madre le tiene amor. En caso contrario, si la sociedad obliga a esa mujer a sólo ser envase, el resultado será un alma en pena. Conozco las llagas de sujetos a quienes la madre les espetó brutalmente cosas como: “Te iba a abortar pero me dio miedo que me operaran y volví a casa”. O de los que cuentan: “... Mis padres se casaron por culpa mía, para que yo naciera, y su matrimonio fue un desastre toda la vida”. Muchas de estas personas no aman su propia vida.

Nadie obliga a abortar a los que tienen pensamiento religioso, pero ¿por qué someter a una creencia dictatorial el cuerpo y el alma de las mujeres que no tienen esa creencia? Ello las obliga a someterse a una serie de experiencias traumáticas, como las que vivió Romina Tejerina hasta llegar al infanticidio. Claro que no acordamos con ese acto, porque el bebé nacido tiene autonomía biológica y puede ser entregado a padres adoptivos que lo necesiten y lo amen; cumplido el acto de nacimiento, la madre deja de ser envase y el bebé tiene derechos de autonomía suficientes como para que le sea provisto anidamiento. Pero es posible comprender las emociones de Tejerina, por haber sido violada dos veces. Es que aun las mujeres que han cometido un error también son violadas por el embarazo no deseado, aunque la relación sexual haya sido consentida.

* Psicóloga. Miembro fundador de la Sociedad Psicoanalítica del Sur. Ex directora de la Carrera de Especialización en Psicoanálisis UCES-APBA.

No se nace siendo humano, con los genes del genoma humano no alcanza para lograr ese estatuto.
Imagen: Focus

martes, 29 de septiembre de 2009

MARCHA AL CONGRESO EN EL DIA POR LA DESPENALIZACION DEL ABORTO

Una ley para evitar una tragedia

Organizaciones feministas, sociales y políticas marcharon de Plaza de Mayo al Congreso en reclamo de la sanción de una ley que permita interrumpir el embarazo, por voluntad de la mujer, hasta la semana 12 de gestación. Piden reglamentar el aborto no punible.

Por Emilio Ruchansky

Más de un centenar de personas se juntaron ayer en Plaza de Mayo y marcharon hasta el Congreso cortando un carril de Avenida de Mayo en reclamo de la despenalización del aborto. Eran en su inmensa mayoría mujeres, jóvenes y no tanto, y fueron recibidas con aplausos al llegar a la Plaza del Congreso, donde cientos de militantes se disponían a recorrer el camino inverso hasta la Casa Rosada para repudiar la represión en la ex Terrabusi. A diferencia de otros años, el tema del aborto se coló en la agenda política por las declaraciones, días atrás, de la ministra de la Corte Suprema Carmen Argibay, quien calificó como “una tragedia” las 400 muertas que anualmente deja el mercado clandestino. Algo así como un Cromañón al año.

La marcha formó parte de la campaña nacional por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en la que confluyen distintas organizaciones feministas, movimientos sociales, políticos, gremiales y estudiantiles. Las exigencias fueron las de siempre y algunas más. En primer lugar, la inmediata sanción del proyecto de ley de 2007 que permite interrumpir el embarazo por decisión de la mujer hasta la 12ª semana de gestación.

En segundo lugar, reglamentar lo que existe y mejorarlo. En este sentido, se pidió el acceso a servicios de salud “seguros, públicos y gratuitos”, donde se realicen –en tiempo y forma– los abortos legales previstos por el artículo 86 del Código Penal. También se exige la sanción efectiva a los y las profesionales o servicios de salud que incumplan leyes vigentes, como la anterior, y que el Ministerio de Salud capacite al personal para realizar abortos “de manera segura” y establezca en todo el país “protocolos de atención en casos de violencia sexual”.

Otro reclamo es la aprobación por parte de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos, y Tecnología Médica (Anmat) del uso obstétrico de Misoprostol y su disponibilidad en farmacias y centros de salud (de manera gratuita). Este medicamento, que permite a las mujeres abortar con muy bajo riesgo físico, dejó de ser un secreto a voces con todos los problemas que esto implica desde que apareció una línea telefónica: (011) 156-664-7070. La iniciativa, cuyo leit motiv es “Más información, menos riesgos”, generó una avalancha de llamados en su primer mes de vida.

Una de sus mentoras, Gaby Díaz Villa, señaló a Página/12 que “el tema del aborto estuvo toda la semana en los medios y eso hizo que el número de llamadas sea casi el quíntuple”. El uso del Misoprostol es, en medio de los extensos tiempos que lleva el debate por el aborto, una acción directa que evitó y evita que muchas mujeres se acerquen a los quirófanos clandestinos que cobran hasta mil dólares por un aborto (muchas veces, sin siquiera incluir la anestesia).

“Como método es excelente. Creemos que en una futura ley, las mujeres deberían poder optar por el sistema que crean más seguro para ellas, sea el Misoprostol o la intervención directa”, comentó Díaz Villa, integrante de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto. Consultada sobre el estado parlamentario de los proyectos en la materia, Díaz Villa contó que el pedido más urgente de la marcha era el tratamiento del proyecto que actualmente está en la Comisión de Salud del Congreso de la Nación.

Paradas sobre un carril de la avenida Entre Ríos, un grupo de mujeres experimentadas en la lucha por legalizar el aborto accedió a charlar con este cronista. Se trata de Amabe Molinari, Alicia Schejter, Eleanor Aquino, María Cristina Arriaga y Angelita Vensentini. La mayoría lleva veinte años militando por este objetivo y otros, como la lucha contra las redes de prostitución y trata de personas. “Cada vez se restringen más los avances, no se respeta la reglamentación de los abortos no punibles y tampoco se distribuyen anticonceptivos”, lamentó una de ellas.

“La Iglesia hace mejor lobby que nosotras”, agregó otra de las señoras, en referencia al retraso en el tratamiento de los proyectos de ley. Y siguió: “Tenemos que salir masivamente a la calle. La mayoría de las mujeres están de acuerdo, cuando preguntamos a muchas católicas si habían abortado, nos contestaron que sí. Pero los curas hablan por ellas, se convirtieron en opinólogos, ¡ellos! ¡Qué ni siquiera tienen hijos!”.

El tema de la Iglesia dio pie para que otra señora recordara los debates televisivos en los que debían discutir con sacerdotes católicos o metodistas, rabinos y médicos. “Durante mucho tiempo nuestro principal enemigo fue el padre Grassi. Me acuerdo que en medio de un debate en televisión dijo: ‘Si no quieren a los niños, dénmelos a mí’...”, recordó una entre risas. El silencio de la corporación médica, coincidieron todas, es vergonzoso.

¿Creen que van a llegar a ver la despenalización del aborto?, se atrevió a preguntar Página/12. Las mujeres dudaron. Eleonor Aquino, una activista que participó de muchas marchas y que juntó cientos firmas, recordó que hacían sentadas para reclamar el divorcio. “La verdad es que tampoco pensaba que iba a ver el divorcio y por suerte salió. Me falta ver esto, pero no sé si llego.”

También reclamaron la aprobación por parte de la Anmat del uso obstétrico del Misoprostol.
Imagen: Sandra Cartasso

lunes, 28 de septiembre de 2009

LAS ONG QUE DEFIENDEN LA DESPENALIZACION DEL ABORTO SE CONCENTRARAN HOY ANTE EL CONGRESO

Reclamo por la libertad de decidir

En el Día de la Despenalización del Aborto, las mujeres se movilizarán hoy para que el Congreso debata y sancione uno de los 45 proyectos sobre aborto no punible, que ingresaron en la Legislatura nacional entre 2001 y 2008. Ninguno llegó al recinto.

Por Mariana Carbajal

Mujeres en todo el país se movilizarán hoy para reclamar la sanción de una ley que amplíe el acceso al aborto en el marco de la celebración del Día de Lucha por la Despenalización de esa práctica en Latinoamérica y el Caribe. “En el Congreso se están dando debates que son asignaturas pendientes de la democracia, como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El Gobierno anunció que impulsará la reforma política y una nueva ley de entidades financieras. Parte de esas deudas es el debate por la despenalización del aborto. Hay un crecimiento del consenso en la sociedad de que es un tema sobre el cual no se puede mirar para otro lado”, consideró Estela Díaz, integrante de Acción por los Derechos de las Mujeres. “El principal opositor es la Iglesia Católica”, señaló Marta Alanís, coordinadora de Católicas por el Derecho a Decidir-Córdoba, y exhortó a los legisladores a impulsar la discusión. Entre 2001 y 2008 se presentaron ante el Congreso un total de 45 proyectos, pero ninguno hasta ahora llegó al recinto.

A partir de las 17.30 organizaciones de mujeres, sociales, políticas y gremiales, que integran la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Seguro, Legal y Gratuito se reunirán en la Plaza de Mayo para marchar hacia el Congreso, donde la concentración está convocada para las 19.30. “El derecho a decidir sobre nuestros cuerpos corresponde solamente a las mujeres, porque afecta nuestra salud integral y nuestro proyecto de vida. Nosotras parimos, nosotras decidimos”, será uno de los lemas de la movilización. La campaña es un frente de más de 240 organizaciones no gubernamentales de todo el país, cuyo slogan principal es “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto seguro para no morir”.

Entre los proyectos que tienen estado parlamentario en el Congreso se destacan dos: el que elaboró la campaña, tras dos años de discusión interna, que fue presentado en 2008 con la firma de más de una veintena de diputados de distintas bancadas y que establece la despenalización dentro de las primeras 12 semanas de gestación, y otro, que promovieron los kirchneristas Juliana Di Tulio, Juan Héctor Sylvestre Begnis y Nora César, presidentes respectivamente de las comisiones de Mujer, Salud y Legislación Penal, que estuvo a punto de obtener un dictamen favorable pero finalmente fue cajoneado por las autoridades del bloque a fin del año pasado, que no quisieron generar en ese momento un frente de confrontación con la jerarquía eclesiástica por este tema. Esta última iniciativa aclara los alcances del artículo 86 del Código Penal en relación con los abortos no punibles y define, a la vez, un protocolo de atención de los casos, para evitar su judicialización y otras trabas arbitrarias en los hospitales.

El reclamo por la apertura del debate legislativo que se escuchará hoy desde Plaza de Mayo al Congreso –y en otras plazas del país– se suma al que en los últimos días hicieron los ministros de la Corte Suprema, Carmen Argibay y Carlos Fayt. “A los legisladores que piensan que no hay una masa crítica que amerite esta discusión, les recuerdo que la línea telefónica que da información sobre aborto seguro recibe una llamada cada 30 minutos, de mujeres que desde La Quiaca hasta Ushuaia, sobrepasando un dilema ético, frente a un embarazo que no quieren, toman la decisión de abortar. Si ésa no es una masa crítica para impulsar un debate, no sé qué es una masa crítica”, opinó el obstetra y cirujano Fernando Giayetto, ex coordinador del área de salud sexual y reproductiva de la provincia de La Pampa, integrante de Mujeres por la Solidaridad, y asesor médico de la línea “Aborto, más información menos riesgo”, que funciona desde hace poco más de un mes a través del 011-156-664-7070, a partir de una iniciativa de una ONG. Díaz, Alanís y Giayetto participaron del IV Encuentro de PAR (Periodistas de Argentina en Red por una comunicación no sexista), que finalizó ayer en Santa Rosa, donde se abordó la problemática del aborto, entre otros temas. La Red PAR, que integran más de cien periodistas de distintos puntos del país, se pronunció a favor de la apertura de la discusión en el Congreso sobre la despenalización del aborto (ver aparte). “Los sectores que se oponen a la legalización del aborto son casi los mismos que, con similares argumentos, lo hicieron frente a la ley de divorcio vincular, y a la más reciente discusión acerca de la despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal. Nos podemos preguntar entonces por qué esos temas sí se tratan, incluso con iniciativas del Ejecutivo. Seguramente no hay causas únicas, pero lo que no perdemos de vista es que en los otros temas están implicados tanto varones como mujeres; mientras que en el tema del aborto las principales afectadas son las mujeres. Nadie reconocerá esto de manera explícita; pero seguimos escuchando que ‘todavía no es el momento para este debate’; parece ser que cuando de ampliación de la democracia, de salud y justicia social se trata, hay un territorio resistente: el de los derechos sexuales de las mujeres. Así lleguemos las mujeres a los lugares máximos de decisión, la cultura patriarcal todavía sigue poniendo en el centro su agenda”, opinó Díaz, de ADEM e integrante de la campaña nacional.

Como en la mayoría de los países de América latina, el aborto en la Argentina está legalmente restringido. El Código Penal lo tipifica como un delito contra la vida y la persona y lo sanciona con prisión para quien lo efectúa y para la mujer que se lo causara o consintiera. El artículo 86 establece las siguientes causales de despenalización: 1) si el aborto “se ha hecho con el fin de evitar un peligro para la vida o la salud de la madre y si este peligro no puede ser evitado por otros medios”, 2) “si el embarazo proviene de una violación o un atentado al pudor cometido sobre una mujer idiota o demente. En este caso, el consentimiento de su representante legal deberá ser requerido para realizar el aborto”. Este artículo mantiene hoy su redacción original de 1921. En tribunales y hospitales suele hacerse una interpretación restrictiva que, por ejemplo, impide a todas las mujeres que sufren una violación y quedan embarazadas como consecuencia de esa relación forzada, acceder a un aborto. Se interpreta que ampara sólo a las mujeres discapacitadas. Es interesante señalar, que durante las dictaduras militares de Juan Carlos Onganía y la que se inauguró a partir de 1976, a raíz de los desacuerdos sobre el alcance de los permisos previstos, por decreto-ley se estableció con precisión la no punibilidad en cualquier caso de violación, como se recuerda en el Informe 2009 de Derechos Humanos en Argentina del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS). “A casi noventa años de la redacción del artículo 86 del Código Penal, los abortos permitidos por esa norma continúan siendo inaccesibles para la mayoría de las mujeres en nuestro país”, denuncia el Informe.

Durante el último tramo de la gestión del ex ministro de Salud, Ginés González García, en el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner, se elaboró la “Guía técnica para la atención integral de los abortos no punibles” desde el Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud. Este documento provee un marco jurídico para que el equipo de salud se sienta respaldado en su práctica. Y en el caso de la violación, define que el aborto no será punible en ningún caso. La guía fue aprobada por la resolución Nº 887 del ministro de Salud de Santa Fe, Miguel Cappiello, firmada el 20 de abril último. Es la primera provincia que la adopta como normativa.

La penalización del aborto ha demostrado amplia ineficacia: las mujeres no dejan de recurrir a esa práctica ante un embarazo no deseado, pero quedan expuestas a usar métodos inseguros, que pueden causarles la muerte o dejarlas con graves lesiones en su aparato reproductivo. Las estadísticas indican que se realizan en el país unos 500.000 abortos al año. En 2006 hubo al menos unas 68 mil internaciones hospitalarias por complicaciones de abortos y 93 muertes como consecuencia de procedimientos inseguros, de acuerdo con los registros oficiales. Hace más de veinte años las consecuencias de abortos inseguros son la principal causa de muertes de mujeres por gestación (mortalidad materna) en el país.

La concentración será a partir de las 17.30 en Plaza de Mayo, para marchar al Congreso a las 19.30.
Imagen: Ana D’angelo

sábado, 26 de septiembre de 2009

Debate sobre la despenalización del aborto

Urgente

El debate sobre la despenalización del aborto logró colarse en la agenda pública a través de dos actividades realizadas a las puertas mismas de ámbitos legislativos, allí donde esta discusión podría tener un correlato efectivo sobre la vida de las mujeres. La primera, organizada dentro del Congreso de la Nación por Católicas por el Derecho a Decidir, hizo oír fuerte y clara la voz de la ministra de la Corte Suprema Carmen Argibay a favor del derecho a decidir de cada mujer. La segunda fue un balance: la línea de información sobre aborto medicamentoso contó sólo en un mes una llamada cada media hora pidiendo asesoramiento sobre la forma más segura de interrumpir un embarazo. Mientras en Argentina los índices de mortalidad de gestantes hablan con vergüenza de casi 350 muertes por año, aquí, Jefferson Drezett, director de un centro de salud dedicado a la atención de abortos legales en Brasil muestra sus cifras: en 15 años de trabajo no hubo una sola complicación por aborto. Con ese solo dato debería ser suficiente: el debate sobre el acceso al aborto es urgente.

“No defiendo el aborto, no soy abortista ni ando persiguiendo a las mujeres embarazadas para que aborten –enfatizó Argibay–, pero las complicaciones por abortos clandestinos en los sectores más humildes de la sociedad son una causa de muerte materna muy alta en nuestro país. Es una tragedia.” Y recordó, como si aún fuera necesario refrescar cuáles son los ejes perentorios del debate, “que esto tiene que ver con la igualdad, la dignidad y la libertad de elegir de las mujeres”.

La ministra de la Corte Suprema ya se había pronunciado en contra de toda forma de violencia contra las mujeres y a favor “de una profunda discusión” el 16 de septiembre último, en el marco del seminario internacional “Avances y asignaturas pendientes en derechos sexuales y derechos reproductivos. El aborto: sus diferentes realidades”, realizado, justamente, en uno de los salones del Congreso Nacional. Porque sobre aborto y sobre la salud de las mujeres se habla y la discusión se filtra aun cuando no tenga tratamiento parlamentario.

“El aborto no es tabú, es parte de nuestra naturaleza humana y sobre esto hay que discutir. Tengo la impresión de que esta sociedad, que está muy crispada, tiene grupos que intentan imponer la falta de debate”, advirtió en la inauguración de ese encuentro convocado por la agrupación Católicas por el Derecho a Decidir. “Si alguien quiere tener un hijo, bienvenido sea, pero si no quiere, también. Empecemos por esta dignidad de la igualdad, que todavía no se ha tratado.”

Precisamente, la línea telefónica Aborto: más información, menos riesgos, es una estrategia activa que intenta sacar del closet el libre goce de la sexualidad para instalarlo en una zona donde el reclamo de derechos es salud. Según explicó Gabriela Díaz Villa, integrante de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto e impulsora del proyecto, “las mujeres que llamaron a la línea ya tenían referencias sobre el uso de misoprostol para provocar abortos, pero estaban cargadas de mitos, errores y prejuicios. Era información falsa, desactualizada e incompleta”.

Del registro de consultas surgió que las mujeres procuran información sobre aborto tempranamente. Muchas llamaron con un tiempo de gestación promedio de 7,4 semanas. La interrupción del embarazo con misoprostol registra su mayor eficacia y seguridad entre las semanas 7 y 9 de gestación.

Entre el 31 de julio y el 31 de agosto último, el 23 por ciento de las llamadas se realizó desde esta ciudad, el 30 por ciento de la provincia de Buenos Aires y el resto se distribuyó en otras 15 provincias. En la mayoría de los casos mujeres de entre 13 y 47 años refirieron que la búsqueda de información estaba consensuada con otras personas. Un 92 por ciento llamó acompañada, en el 23 por ciento de los casos por sus parejas. Sólo el 8 por ciento manifestó no tener con quién compartir la iniciativa o que prefería enfrentar la situación en soledad. De las menores de 21 años que llamaron, el 11 por ciento lo hizo acompañado por sus madres.

“Las mujeres que llamaron conocen las fechas de sus ciclos menstruales, estuvieron embarazadas, saben cómo confirmar un embarazo y cómo acceder a una ecografía –detalló Díaz Villa–. Pero no tienen información sobre su propia vagina ni sobre los procesos de emba-razo, aborto o parto.” Sólo en el 37 por ciento de las llamadas las mujeres manifestaron haber usado algún tipo de anticoncepción.

De las conversaciones a través de la línea surgió que el 82 por ciento de los varones no usó preservativos y que resulta difícil “negociar con ellos” la anticoncepción y la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS). Mientras que un 11 por ciento de las mujeres comentó que tomaba pastillas anticonceptivas, otras mencionaron frases como “me dijo que era estéril”, “prometió acabar afuera”, “no lo pude evitar” o “me dijo que se hizo una vasectomía”. Son los varones quienes controlan las condiciones del encuentro sexual.

“Hemos recibido llamadas de personas de 13 a 47 años, en diversas etapas de sus vidas, de sus períodos de capacidad reproductiva –detalló Díaz Villa–. Todas con dudas, temores, unidas por la invisible cadena de tabúes que rodean el cuerpo, la sexualidad, la maternidad y la capacidad de decisión de las mujeres.”

Los últimos registros oficiales advierten que durante 2007 murieron 74 mujeres por abortos inseguros. Se las considera ciudadanas de segunda en un Estado emisor de legislación en abundancia pero que se desdibuja en agencias, programas y sistemas públicos sanitarios que no alcanzan a proteger lo más desprotegido. “Una democracia que para las mujeres llega hasta el ombligo y continúa en las rodillas –concluyó Díaz Villa–. El resto es del Estado.”

Impulsado por la propia voluntad y compromiso de las organizaciones de mujeres, de manera tangencial o en los umbrales mismos de donde debería habilitarse una discusión que podría proteger de manera efectiva la vida y la libertad de las mujeres, el debate sobre la despenalización del aborto se impone. Y es urgente.

Imagen: morguefile.com
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