sábado, 26 de septiembre de 2009

"Descriminalización del aborto"

Amplificadoras de información para que haya menos riesgos

Por Lesbianas y feministas por la descriminalizacion del aborto

“Nos tienen miedo porque no tenemos miedo”, canta Liliana Felipe y vociferan las exultantes mujeres debajo del escenario. La Felipe, en una sola frase, logra resumir lo que las mujeres pueden en Honduras, en los campos algodoneros. lo que logran las Sin Tierra en Brasil y las Mapuches en Chile y Argentina . También lo que generan las lesbianas besándose frente a la Catedral y pariendo hijxs a pesar de todo y lo que activan las mujeres enfrentándose a las restricciones fascistas contra el aborto.

Porque nadie entiende mejor lo que padece una mujer que otra mujer, que se siente, además, compañera. Tenemos la rabia de las putas y de las lesbianas. Tenemos nuestras propias intelectuales que crean y recrean sus teorías. Escribiendo desde el destierro y para desterradas. La línea “Aborto: más información, menos riesgos” surge desde lo más adentro del movimiento. No somos una ONG, ni queremos serlo. No vamos a privatizar el aborto. No vamos a privatizar la lucha por la despenalización y la legalización del aborto. No queremos el lobby patriarcal y clasista. Vamos a arrancarle al sistema lo que no quiere darnos, vamos a arrancarle al sistema lo que queremos, sin un solo renunciamiento. El conocimiento es un bien social y las mujeres no somos “usuarias”; somos las protagonistas de nuestras propias vidas que es la vida de todas y de cada una. Porque la libertad y la autodeterminación de las mujeres son la base de este proyecto y eso implica la lucha, organización, solidaridad y confianza. No hay ni habrá en esta línea gerentxs, ni representantxs; es nuestro desafío colectivizar la experiencia, como reaseguro de que así no será privatizada con clasificadores como “eficacia” o “impacto”. Sabemos que cada lucha privatizada ha sido una gran pérdida para el colectivo. Tenemos experiencia. Y aprenderemos de ella.

Queremos ser una fuente de información, multiplicadoras y amplificadoras y que muchas otras sepan y puedan transmitirlo a muchísimas otras más. Queremos reapropiarnos de la tecnología y usarla, junto con otras, dándole nuevos sentidos y utilidades. Ocupar la calle es la forma de asegurarnos de que una ley no sea solo una ley y una conquista no sea solo un pacto entre sectores.

Las libertades se ejercen, no se piden, ni se negocian. Y mucho menos se alcanzarán con “programas”. Así sumamos a la lucha de muchas; así l@s invitamos a seguir sumándose.

* Línea: “Aborto: más información, menos riesgos” (011) 156-664-7070 (se puede mandar un mensaje de texto o marcar el número y ellas devuelven el llamado).

Sobre la libertad religiosa

Por Marta Alanís *

Me pregunto cuántos pastores, curas o rabinos son atacados en Argentina sólo por su condición religiosa: una ley tiene que partir de una necesidad real de la sociedad. Según diversas encuestas publicadas, las personas católicas van menos a misa que en otras épocas y tienen muchas diferencias con la jerarquía y a veces con lo que dice el sacerdote desde el púlpito, pero no se conocen episodios de agresión verbal o física y nadie les impide a los curas decir lo que se proponen en cada oficio religioso. Hay otras personas que son vulnerables, que tienen que ser protegidas seriamente por la ley, sin miramientos sobre si el que la infringe es un pastor, un rabino o un cura.

Todavía está en libertad monseñor Storni y cobra un sueldo de privilegio como obispo, que pagamos todas y todos, católicos, de otros credos y ateos, para que después de haber cometido abusos sexuales contra seminaristas pueda descansar tranquilo en la ciudad cordobesa de La Falda. También inexplicablemente está en libertad el padre Grassi.

Los curas y obispos asesinados durante la última dictadura militar no fueron agredidos por su condición de sacerdotes, fueron asesinados por pensar de otra manera, por su compromiso con el pueblo y no con la oligarquía defendida con vehemencia por la jerarquía católica –ahora y siempre—: si no veamos su posición con respecto al conflicto con el campo privilegiado, y su apoyo a la Sociedad Rural en la Argentina, y el respaldo al golpe militar en Honduras brindado desde la cúpula católica de ese país.

Los que necesitan más protección de las leyes o que las leyes se cumplan no son justamente los que exhiben privilegios.

El desafío que hoy tenemos es trabajar para el que el Estado sea laico y reconozca la igualdad de todos y todas ante la ley.

También me pregunto por qué no se cumple con lo que dice el Código Penal respecto del aborto no punible, por qué las mujeres pobres tienen que andar mendigando un derecho conquistado hace más de cien años, debido a que un sector de la sociedad con argumentos religiosos se opone y se niega a cumplir con la ley. A fin de 2008 se frenó abruptamente en el Congreso un debate que clarificaba los alcances del Código Penal sobre abortos no punibles impulsado por tres diputados del oficialismo. El Estado argentino tiene que responder todavía a una demanda presentada ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU por violación a los derechos humanos de una adolescente a la que le negaron la práctica de un aborto contemplado en la legislación. Y cada vez que estos temas llegan a la prensa no faltan las expresiones de los sectores religiosos antiderechos. Las mujeres organizadas en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito seguimos esperando el debate del proyecto de ley que cuenta con estado parlamentario y respaldado por veintidós diputados/as nacionales para que no mueran un centenar de mujeres por año en nuestro país, a través del cual pedimos educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir. ¿Qué sabe la diputada Cynthia Hotton de los sufrimientos de las mujeres que se enfrentan al aborto clandestino e inseguro? No se la ve preocupada a la señora diputada por los niños abusados en el mundo por parte de sacerdotes. Coincido con ella, claro, con que desde la religión se hace política: nunca se puso en duda. Pero ¿política para quiénes? No aparece en el proyecto de ley de libertad religiosa que impulsa Hotton la intención de proteger a los desamparados, sino más bien atentar contra las disidencias internas que hoy tienen las principales religiones, a cuya conducción ha logrado acceder el ala fundamentalista que pretende imponer una verdad única en un mundo cada vez más diverso y plural.

* Católicas por el Derecho a Decidir-Córdoba.

http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/3-131364-2009-09-08.html

Dora Coledesky

Viernes, 30 de mayo de 2008

ENTREVISTA

La vida en verde

A sus 80 años, Dora Coledesky no afloja el paso. Puede ser que elija sentarse de tanto en tanto; pañuelo verde al cuello –simbolizando su compromiso con la Campaña por el Derecho al Aborto– y el rodete blanco que le da ese aire de abuela de cuento. Pero es sólo para recuperar la energía y seguir empujando los pasos con los que ha dibujado la huella de su militancia y de su vida. En la semana internacional de acción por la salud de las mujeres, la misma semana en que esta mujer bajita eligió otra vez ornarse de verde, una recorrida por esta historia individual que es también colectiva.

Por Moira Soto

Detrás de ese aspecto tranquilizador de clásica abuelita de Caperucita Roja (solo le faltaría la cofia con puntillas), hay una militante incansable de toda la vida, una feminista actualmente comprometida a full con la campaña por el derecho al aborto. A punto de cumplir los 80 el próximo 21 de junio, Dora Coledesky acaba de plantar pensamientos y alegrías del hogar en el jardín de su casa de Ituzaingo, donde vive con su marido Angel Lázaro Sanjul. Aunque no la atraen las manualidades del hogar –ni cose ni teje–, sí es capaz de cocinar con gusto algunos platos, como el locro que preparará el domingo –una receta de su madre, que aprendió en Tucumán– para su nieto Diego, que cumple años. Además de leer mucho y mirar películas por el cable con su marido, Dora dedica buena parte de su tiempo a trabajar, a trabajar con la computadora, tanto en la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, como en la escritura de artículos e intercambio de correos. Y, desde luego, no deja pasar oportunidad de estar con sus dos nietos, su nieta, su bisnieta y su bisnieto.

A Dora Coledesky le cuesta un poco abrirse en esta entrevista para hablar de ella misma, de su historia personal. Hasta se diría que desconfía un poquitín de los motivos de la cronista. Pero después de un buen café se distiende y se explaya largamente, aunque cada tanto duda del interés de su propio testimonio. Sobre el final del encuentro, con pudor, conteniendo la emoción, habla sobre su hijo Angel Francisco Sanjul: “Aunque lo haya perdido, mi hijo es parte de mi vida. Creo que él sufrió los vaivenes de nuestra militancia: lo tuve a los 24, éramos muy jóvenes, estábamos inmersos en la actividad política y quizás no comprendimos totalmente lo que significaba conducir la vida de un niño. En una etapa él se enfrenta a nuestra militancia, y cuando marchamos al exilio, decide quedarse. Se recibió de abogado ya grande, cuando regresamos acá él nos ayudó. Yo estoy muy orgullosa de mi hijo, tenía muchas condiciones, era muy generoso. Cuando mi marido y yo nos jubilamos, él nos reemplazó y ejerció la profesión realmente como un apostolado. Escribía poesía, cuentos, una novela, todavía nada ha sido publicado.

Era una persona muy valiosa desde todo punto de vista. Al principio, el dolor era insoportable, me sostuvo mucho la solidaridad de mis compañeras, el mantenerme en actividad. Ya van tres años y lo recuerdo de continuo, siempre está presente. El proseguir con esta campaña a favor de las mujeres es como un homenaje a él, que tenía esa conducta tan noble. No fue inútil su vida, ayudó a mucha gente, aparte de todo lo que significó para su familia”.

¿Tenés algún recuerdo puntual de cuándo empezaste a tomar conciencia de tu lugar de mujer en el mundo?

–El otro día me estaba acordando de esta heroína de la Historia, en realidad una prócer, Mariquita Sánchez de Thompson. Ella se animó a enfrentarse a sus padres, no aceptó el marido que le querían imponer, se casó con el hombre que amaba... Yo tenía 13 años, estaba en el Liceo y creo que ahí se me despertó el corazón feminista, tanto me impresionó la rebeldía de Mariquita, esa voluntad firme de decidir su destino. Pero por otra parte, te podría decir que el feminismo en todo el sentido de la palabra lo aprendí en Francia, en la teoría y en la práctica. Es cierto que desde muy joven yo había militado en el Partido Obrero Trotskista, donde no había mucha desigualdad, las mujeres que se lo proponían podían ocupar un lugar bastante a la par: yo intervenía en actos públicos como oradora, eso me dio bastante empuje, otras posibilidades. Era muy raro en ese entonces, en los años ’50, que las mujeres hablaran en público. Nosotras interveníamos en Once, en Constitución. Pasaban los hombres y se detenían porque les llamaba la atención. Algunos, por supuesto, se expresaban en son de burla: andá a lavar los platos, cosas por el estilo.

¿En qué momento venís de Tucumán a Buenos Aires?

–Vinimos con mi marido en el ’55, ambos estábamos en el Partido Trotskista, donde aprendí mucho sobre la militancia, fue una importante escuela política. Pero ese partido degeneró, ésa es la verdad: después de haberle dedicado bastantes energías, tuvimos que apartarnos. Mientras funcionó, fue una experiencia que valió la pena, se aproximaba a la interpretación que hacíamos en ese momento de la clase obrera, que tenía mucho peso en el país, cosa que ahora no sucede. Después, el partido se burocratizó, comenzaron una serie de problemas de discriminación. Ni mi marido ni yo quisimos seguir en esas condiciones. De modo que luego de veinte años, nos fuimos.

¿Debutaste en la militancia con este partido?

–No exactamente: antes de entrar en el Partido Trotskista, empecé a militar en la Federación Secundaria en Tucumán, donde conocí a Angel, él ya estaba en ese movimiento estudiantil. Después entramos en el Partido Socialista, vinimos a Buenos Aires. Yo ya era abogada, mi marido también se había recibido, pero estaba la idea de proletarizarse. Quizás no era el camino correcto esto de querer que los dirigentes de una fábrica vengan de afuera; después comprendí que debían surgir de la propia clase obrera. Pero igualmente para mí fue una gran experiencia entrar a trabajar en una fábrica, una lección política y de vida, más allá de lo que más tarde pasó con el partido. Hubo otras mujeres de la clase media que hicieron la misma experiencia.

¿Conocías la situación de las obreras antes de empezar a trabajar con ellas?

–Tengo que decirte que en la actualidad no se conoce, no se ha investigado la historia de las obreras en las fábricas de nuestro país. Ojalá algún día se pueda escribir esa historia, antes de que se pierdan los testimonios de primera mano. Eran establecimientos enormes, yo estuve en una textil donde había cinco mil obreras, La Bernalesa, que después cerró, también trabajé en otra más chica. Fue muy interesante, muy revelador descubrir la relación de las mujeres en la fábrica, ahí aprendí mucho sobre compañerismo. Yo venía de la clase media y me sorprendió el lenguaje crudo y directo de las obreras, su franqueza. Tanto hablando de sexo como de cualquier otro tema, ellas llamaban al pan, pan, y al vino, vino. Por ejemplo, en las fábricas se hablaba de aborto como si tal cosa, tema que no se mencionaba en otros ambientes. Era bastante común escuchar a una trabajadora decir: “Ah, Fulana no vino porque se hizo un aborto”. O sea, que las mujeres recurrían a la interrupción voluntaria del embarazo y lo comentaban sin reparos, se tomaba ese derecho en la práctica. No llegué a saber con qué recursos se manejaban, seguramente en ese entonces no era tan caro hacerlo en condiciones aceptables. Tampoco las obreras tenían problemas en conversar sobre sus relaciones sexuales, darse mutuamente consejos. Algunas actuaban con bastante libertad. Me parece que las mujeres que hoy limpian por horas en casas de familia, aisladas de sus pares, no pueden tener esa vivencia que da el trabajo colectivo.

¿Las mujeres se metían en actividades sindicales, políticas en la fábrica?

–Sí, fue muy interesante verificar esto. Conocí a mujeres sumamente valiosas que, en su nivel, pensaban el mundo, la vida, intervenían políticamente. Por eso tenía la fábrica en aquel entonces: una vida política, se discutía todo y esa actividad proseguía en el barrio, que estaba cercano al establecimiento. Barrios que ya no existen, como dejaron de existir tantas fábricas. Hay casos de huelgas de mujeres que nunca se contaron. Yo las he visto tirarles monedas a los burócratas, enfrentándolos, y también he visto cómo la burocracia las usaba a ellas, sus relaciones, para ejercer su dominio. Una vez se organizó un paro porque se había encontrado a un jefe con una empleada en el baño. Las obreras decían: para que se sepa que las fabriqueras no somos putas, de la puerta para afuera, cada cual hace lo que quiere (en realidad decían “de su culo un candelero”), pero no en el trabajo. En otra ocasión, hubo un repudio en una sección donde un capataz había intentado tener relaciones con una obrera.

¿Hasta dónde llegaba la militancia de estas mujeres?

–Desde ya, las mujeres nunca ocupaban un lugar como dirigentes, pero exigían, expresaban su bronca en las asambleas. Entonces, te diría que bastante antes de conocer el feminismo en Francia como movimiento organizado, esta conducta de las obreras, su intento de hacer valer sus derechos, sus relaciones de hermandad, de respaldo recíproco, asistí en la práctica a un feminismo espontáneo. Mujeres que venían del interior, acaso del campo, de trabajar en el servicio doméstico, se incorporaban a la fábrica y aprendían rápidamente lo que era manejar una máquina que no habían visto nunca, se interiorizaban sobre lo que era un sindicato, estrechaban relaciones entre ellas. Para ellas era un salto adelante, un progreso en el que se ubicaban aceleradamente. Solo estuve dos años y medio, pero fue un aprendizaje extraordinario para mí.

¿Se daban cuentan las trabajadoras de que vos venías de otro sector social?

–Claro que se daban cuenta perfectamente de que yo no pertenecía al medio de ellas: por mi aspecto, mi manera de expresarme... Pero a pesar de mi origen distinto me respetaban, quisieron elegirme delegada. Pero se metió la burocracia y creo que hubo una trampa para que yo no saliera, pese a que mis compañeras –más vivas que yo– propusieron ir todas juntas a controlar la urna para evitar el fraude. Me emocionó que ellas me eligieran a mí, me consideraran capaz de ser su delegada. Estas compañeras nunca supieron que yo era abogada. A la única que se lo dije fue a una chica uruguaya, la fui a visitar a su casa, le comenté a qué partido pertenecía. Lo tomó bien, era una muchacha muy avanzada, en la fábrica la quería todo el mundo, era una persona especial.

¿Cuál es el origen de tu familia?

–Mi familia es argentina de origen judío, con una abuela paterna rusa, apasionada por la política, gran lectora. A mi casa llegaban los periódicos del Partido Socialista y yo me los tragaba, se vivió de cerca la Guerra Civil Española. Mi papá se dio cuenta hacia dónde tiraba yo, me alentó mucho. El era un autodidacta que sabía de todo, pero sin educación formal. Me ayudó mucho para que yo pudiera seguir la carrera de abogacía. Mi madre tuvo tres hijas, era una gran persona muy intuitiva, yo la quería mucho, tuvimos una linda relación. Ella había trabajado desde los 14 con la máquina de escribir, empleada de comercio en una época en que no existía el sábado inglés. Tan joven, su vida era muy sacrificada: tenía cuatro hermanos varones, uno mayor que ella, y como mi abuela materna sufría de depresión, ella tenía que cocinar, limpiar la ropa, ocuparse de la casa cuando volvía del trabajo. Estuvo en La Piedad, lo conoció a mi padre cuando estuvo empleada en Singer. Y la vida que hizo junto a mi padre también fue difícil. El era un tipo de clase media que no encajaba en ningún lado. Al no ser obrero, tenía que trabajar de corredor, vender libros. Nosotros habíamos vivido primero en Buenos Aires, donde hice el primer grado. Nos vamos a Rosario cuando trasladan a mi padre, que estaba en Espasa Calpe, allí hago el resto de la primaria y parte de la secundaria. A continuación, a mi papá lo contratan en Tucumán, donde vivía una hermana de él que tenía un negocio. Tenía 14 cuando nos fuimos a vivir allí, un lugar tan distinto de Rosario. Tucumán era una provincia muy pobre donde las diferencias sociales eran muy grandes, una discriminación que no ha desaparecido del todo. La sigue habiendo ahora, pero no tan fuerte porque se desarrolló al impulso del capitalismo.

¿Cómo fue que decidiste casarte tan joven?

–Angel era un tipo especial, muy inteligente, me despertaba respeto y admiración además de amor, no era cuestión de dejar pasar a un tipo como él, te digo sinceramente. Cuando me casé, todavía no tenía yo ideas tan igualitarias dentro de la pareja. Para mí fue decisivo venir a Buenos Aires con mi marido porque en Tucumán era inevitable sentir el arrastre cultural, todos esos prejuicios de la provincia sobre cómo debe ser una familia. Y aunque nosotros nos habíamos liberado un poco de ciertas ideas recibidas, estaba esa presión que nos rodeaba. Por eso digo que tuve un primer despertar en Buenos Aires y un segundo despertar en Francia. Mi marido, en un principio inevitablemente influido por el machismo, también evolucionó. Creo que mi propia evolución ayudó a la suya. Pienso que yo contribuí a que se liberara de ese rol masculino que también aprisiona a los hombres. Todo lo que hago actualmente, me gusta comentárselo, consultarlo con él, a menudo me hace aportes interesantes.

¿Qué sabías del feminismo antes de irte a Francia?

–En Buenos Aires conocí a algunas compañeras que militaban en el movimiento, como Magui Bellotti, tenía simpatía por el feminismo pero no lo había asumido en toda su importancia. Fue en Francia donde se me abrieron los ojos, conocí a mujeres brillantes, el movimiento feminista tenía una gran vitalidad, gran envergadura. Se hacían reuniones de 500 mujeres, en la universidad de Vincennes, por ejemplo. A una de esas reuniones nos invitaron a las exiliadas para que contásemos lo que sucedía en nuestros países, luego surgió la idea de hacer un grupo de mujeres latinoamericanas que duró bastante tiempo. De manera que yo fui avanzando, conociendo, reflexionando en contacto con el feminismo francés. Al llegar a París, nos integramos con mi marido a la Liga Comunista Revolucionaria porque daba la posibilidad de hacer tendencias y fracciones. Constituimos una tendencia integrada por feministas y homosexuales varones. Y en un congreso, logramos imponer la idea de que el movimiento feminista debía ser autónomo, no depender de ningún partido. Cuando vinieron las Madres de Plaza de Mayo, avisé en diversos talleres universitarios. Todas las mujeres se reunieron en una especie de teatro, las Madres hablaron y una compañera las tradujo. Se hizo una colecta y se publicó una declaración de las feministas en Le Monde. Creo que no se conoce aquí la forma en que ayudó el movimiento feminista francés a las Madres. En otra oportunidad, un 8 de marzo, en un gesto simbólico, al cartel de la rue Bonaparte le pusieron encima otro nombre: Les Folles de la Place de Mai. Colette Auger, una feminista muy prestigiosa, vino a Buenos Aires corriendo todos los riesgos para traer un hábeas corpus –que había preparado mi marido– a favor de los abogados y médicos desaparecidos. Acá le dieron dos días de plazo para que se fuera, bajo amenaza de detención.

¿Asumir el feminismo fue como encontrar la religión verdadera?

–Prefiero no usar la palabra religión, ni en forma metafórica siquiera... Para mí fue algo sumamente importante, se me abrió un camino de verdadera liberación, me crecieron alas. Puede ser que yo no esté de acuerdo con formas radicales, pero por suerte, se trata de un movimiento con muchas corrientes, muchas tendencias. Entendí claramente que no se puede llegar al socialismo si la revolución no se hace en todos los planos, uno de los cuales es sin duda el del feminismo. No hay toma del poder de la noche a la mañana, después de la experiencia con el bolchevismo, con la URSS, no podemos seguir repitiendo ese eslogan, sabiendo que lleva a una burocracia dominante. Eso no va más en política: hay que transformar la sociedad, ir produciendo diversos cambios para mejorarla. El feminismo es fundamental por la modificación cultural profunda que promueve. Ya podemos ir sumando algunos logros, en el mundo y en nuestro país. Por ejemplo, enfrentando a la corporación médica en Santa Fe, denunciando uno por uno a los médicos. Aunque ya no tengo tantas fuerzas, viajé porque lo consideraba una cita de honor, aunque no pude estar en la columna. Fue un gusto grande encontrarme a un grupo de compañeras jóvenes que se están perfilando con mucha fuerza, muy decididas. Y son muchas más las que se están movilizando, haciendo cosas que tiene que ver con el cambio.

¿Fue un bajón la llegada a Buenos Aires después de lo que viviste en Francia, donde ya estaba vigente el derecho al aborto?

–Me costó adaptarme aunque venía preparada, pero a la vez dispuesta a actuar con todo ese bagaje que había adquirido. Llegué en el ’84, me puse en contacto con unas compañeras que ya eran feministas, traduje artículos, nos reuníamos para intercambiar ideas. Después empecé a ir a las reuniones de ATEM, donde surge la idea de la Comisión por el Derecho al Aborto, ahí empezamos a funcionar con ese tema, en aquel entonces algo inaudito: frente al Congreso, juntando firmas con una pancarta que mencionaba un tema tabú. Hace más de veinte años, imaginate. Menos mal que encontré compañeras dispuestas a luchar por estas reivindicaciones, si no habría sido muy difícil para mí.

¿Siempre tuviste la convicción de que el aborto debía ser un derecho para todas?

–Sí, no te olvides de que estuve en un partido revolucionario, nos habían munido mucho de las ideas de Trotsky, de Lenin, cuyas primeras resoluciones fueron a favor del aborto. Después, Stalin retrocede, lo anula, lo vuelve a instalar. Me parecía un derecho aunque me faltaba articular la fundamentación, cosa que hago en Francia. Por eso volví a la Argentina con las cosas bien aclaradas y con la intención de llevarlas a la práctica.

¿La interrupción voluntaria del embarazo se convirtió en un tema prioritario para vos?

–Por supuesto, aunque me importan otros aspectos de la problemática de la mujer que hay que resolver. Si bien el miércoles estuvimos defendiendo el proyecto de ley con toda la comisión y mujeres que nos acompañaron, tengo mis dudas sobre lo que pueda pasar con el Parlamento que tenemos. Sin embargo, casi veinte diputadas y diputados nos dieron su apoyo, lo cual es un paso adelante.

¿A qué atribuís esta negación de la clase política en general a enfrentar abiertamente la discusión sobre el aborto conociéndose el número de mujeres que interrumpen sus embarazos y las consecuencias de aborto clandestino para tantas mujeres?

–Yo creo que la sociedad, en un alto porcentaje, está de acuerdo con ese derecho desde hace mucho, empezando por las mujeres, claro. Pero otra cosa sucede con las instituciones tradicionales, está el peso tremendo de la Iglesia, los sectores reaccionario que resisten. Y lamentablemente, es poca la gente famosa –del espectáculo, de la cultura– que se juega abiertamente, por eso rescato mucho a las figuras que se comprometieron y firmaron a favor del derecho. También me pone muy contenta que haya cada vez más compañeras jóvenes feministas que toman la posta con entusiasmo. Este proyecto plantea el aborto voluntario para las que lo deseen, no está sujeto a ningún condicionamiento hasta las doce semanas. El aborto no punible ya existe, hay que ir más lejos. Creo que nosotras hemos salido a expresar, a poner sobre el tapete una necesidad de la sociedad, esto es innegable. Si la sociedad no lo estuviese pidiendo, no habría tal proyecto. Aunque las instituciones se empecinen en negarlo, en algún momento se va a imponer un requerimiento tan fuerte, la ley va a salir. Más allá de los problemas de salud, de maltrato y de muerte que genera el aborto clandestino, estamos hablando de un punto central en la liberación de la mujer. Queremos que absolutamente todas, en todos los rincones del país, dispongan de este derecho, de la posibilidad de poder hacerse un aborto en cualquier hospital por libre decisión. No importa las excusas que esgriman: quienes se oponen no quieren la liberación de la mujer, quieren mantener ese control sobre su cuerpo, ése es su objetivo.

CARMEN FUNES DE CAMPOS: "LA PASTO VERDE"


La Pasto Verde. (Por José Larralde).

Cantinera de las fuerzas nacionales que llevaron a cabo la conquista del desierto y poblaron los confines del país. Acompañó a su marido en la guerra del Paraguay y después se sumó a las columnas que arrojaron a los indios de sus posesiones.

Participó en las fundaciones de Carhué, Puán y Trenque Lauquen, fortines que darían origen a nuevas poblaciones. Se estableció en Neuquén, adonde la llevara la campaña del general Julio A.Roca, y allí murió en 1917. Sus cenizas reposan en Plaza Huincul.

Las mujeres como ella fueron retratadas por escritores que reconstruyeron la epopeya del desierto, en reconocimiento por su labor abnegada, pero "La Pasto Verde", apodo con que era conocida, fue objeto de un especial homenaje, que puntualiza cuánto de sacrificadas tuvieron esas vidas; a fines de 1965 las autoridades, instituciones y pueblo de Neuquén se congregaron junto a un monolito y descubrieron una placa recordatoria de la humilde mujer que representa a todas las cantineras, fortineras y también soldados femeninos de la conquista del desierto".El monolito se encuentra a la vera de la Ruta 22, donde también existe ahora su museo. Allí élla atendía una pulpería en el medio de una de las rutas de entonces, y allí fue conocida por mucha gente, por su hermosura, por su alegría y por su atención, y también por sus ansias de ayudar a quien lo necesitara.

El apodo de "La Pasto Verde" en realidad, es un halagador cumplido, y bastante excepcional. Las mujeres en la milicia que acompañaban a las tropas recibían apodos, siempre ingeniosos pero generalmente despectivos. La Pasto Verde, posee una connotación fuertemente placentera. A los ojos de un paisano de aquellos tiempos y lugares, es todo un homenaje admirado, desde la mentalidad de un criollo que siempre tiene conciencia de la escasez de comida fresca y agua para sí y los animales. Era una mujer vigorosa, ágil, servicial y alegre, decidora cordial y afable , la “fortinera” era un paso obligado a quien tanto la historia como los pobladores recuerdan con cariño y respeto con el nombre de “La Pasto Verde” por su belleza juvenil y así calificada por los parroquianos de la época.

Falleció en Plaza Huincul en 1917.

"La Pasto Verde"
(Marcelo Berbel)

Aguada de los recuerdos, lejanos
Tapera de un dulce ayer,
Tiempo de la "Pasto verde",

Zamba del coraje hecho mujer.

Tiempo de la "Pasto verde",
Zamba del coraje hecho mujer.
Brava gaucha en los fortines, sureños,
Bella flor del jarillal,
Mil soldados te quisieron,
Pero la tierra te quiso más.

Sobre la reja, entre las piedras
Donde duerme tu voz,
Mi guitarra lloró.
Sola, esta zambita por las noches
Quiere darte luz,
Porque le duele que digan
Que el criollo neuquino te olvido.

Quién te llamó "Pasto verde", fresquita
Tal vez tu aroma sintió,
Poema de los desiertos,
Versos de un coplero que pasó.

Quizás hablen de tus años, de moza,
La aguada, el grillo, el zampal,
Años de lanza y romance,
Sangre que secó el viento al pasar.

Funtes:

- Lily Sosa de Newton. "Diccionario bibliográfico de mujeres argentinas"
- La Gazeta Federal www.lagazeta.com.ar

Artículos relacionados:

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- Manuela Pedraza
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- Rubia Moreno (Pulpera gaucha)

- "Recortes de la historia" en el indice: HISTORIA ARGENTINA


fuente: www.lagazeta.com.ar

"Mujeres Anarquistas"



(Mabel Belucci, La Cautiva)

Virginia Bolten
Nacida en el Uruguay, Virginia viene a la Argentina y se instala en Rosario, a fines del siglo XIX. En medio del clima de lucha que envolvía a la ciudad, Bolten encabeza una ancha columna de hombres y mujeres en la manifestación popular del 1° de mayo de 1890 en la plaza López. Su encendido discurso hace que sea encarcelada por atentar contra el orden social. Los rumores de la historia dicen que fue la primera mujer que habló en un mitin obrero. Luego se trasladaría a Buenos Aires. Por sus continuos discursos que infunden el anarquismo, sufre la continua persecución militar. Forma parte del Comité de Huelga Femenino, que movilizaba a los trabajadores del Mercado de Frutos porteño. En 1907, ya como miembro del Centro Femenino Anarquista, activa la huelga de inquilinos. Por esto es deportada a su país natal. Su lugar de residencia será Montevideo.

Juana Rouco Buela
Llega a la Argentina en 1900 desde España y se instala en Buenos Aires. A los quince años ingresa al movimiento del 1° de mayo de 1904. Fue su primera participación en un acto obrero. Tiempo después representa a las mujeres de la "Refinería Argentina", de Rosario, en el Congreso de la FORA. En 1907, organiza el Centro Femenino Anarquista, y participa de la huelga de los inquilinos. Es deportada y vuelve a España. A su regreso, como no puede hacerlo en el país, se instala en Montevideo, y desde allí inicia una fuerte actividad propagandística junto a Bolten y María Collazo.
Ingresa de forma clandestina al país, y en 1910 es detenida, extraditada a Montevideo y encarcelada durante un año. En 1914 viaja clandestinamente a París, y cuando es descubierta desembarca en Brasil. Regresa nuevamente a la Argentina, e interviene en los hechos de la Semana Trágica. Recorre el país con el apoyo de los rurales y los industriales. En 1921, funda en Necochea el Centro de Estudios Sociales Femeninos, y crea el periódico feminista Nuestra Tribuna. En 1928, participa en el Tercer Congreso Internacional Femenino. Muere a los 80 años, en 1969.

Rosa Dubovsky
Nacida en Rusia y perseguida por el régimen zarista, huye junto a su marido Adolfo hacia Turquía. Adolfo se alista en el Ejército mientras hace el Servicio Militar, y allí entrega un arsenal de armas a los revolucionarios. Antes se casan en secreto: Rosa parte a Francia, y su esposo, a Buenos Aires. En 1907, se reencontraron en Rosario, cuando él trabajaba en los Ferrocarriles y ella trabajaba como sombrerera.
En la ciudad de Santa Fe, Adolfo milita en el campo anarco-sindicalista, y Rosa concurre a las reuniones de mujeres anarquistas. Funda una biblioteca, exclusivamente para mujeres, llamada Emma Goldman.
Después del golpe del ’30, el matrimonio y sus seis hijos deben escapar a Buenos Aires, a pesar de la poca seguridad. En 1936, muere Adolfo. Dubovsky comienza a trabajar como empleada de la esterilla y tapicería. Participa en la FORA y en la Federación Libertaria Argentina, hasta 1972, el año de su muerte.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

Emma Goldman



Retrato de Emma Goldman
Nombre Emma Goldman
Nacimiento 27 de junio de 1869
Bandera de Lituania Lituania
Fallecimiento 14 de mayo de 1940
Bandera de Canadá Canadá, Toronto
Nacionalidad lituana
Ocupación Escritora, Feminista

Emma Goldman (27 de junio de 186914 de mayo de 1940). Célebre anarquista de origen lituano conocida por sus escritos y sus manifiestos libertarios y feministas, fue una de las pioneras en la lucha por la emancipación de la mujer.

Emigró a los Estados Unidos cuando contaba 16 años donde trabajó como obrera textil y se unió al movimiento libertario. En 1919 fue expulsada de EE.UU. y deportada a Rusia. Vivió durante unos años en Europa, allí escribió su autobiografía y diversas obras.

Primeros años

Goldman nació en el seno de una familia judía de Kaunas en Lituania, que regentaba un pequeño hotel. Durante el periodo de represión política que siguió al asesinato de Alejandro II y cuando contaba 13 años, se trasladó con su familia a San Petersburgo.

Clara Zetkin



Clara Zetkin y Rosa de Luxemburgo en 1910
Nacido 5 de julio de 1857
Sajonia
Fallecimiento 20 de junio de 1933 75 años
Moscú, Rusia
Nacionalidad alemana
Ocupación Política, Profesora, Activista
Cónyuge Ossip Zetkin
George Friedrich (1899-1928)
Hijos 2


Clara Zetkin, de soltera Eissner (5 de julio de 1857 - 20 de junio de 1933) fue una política comunista alemana muy influyente, así como una luchadora por los derechos de la mujer. Militó en el Partido Socialdemócrata de Alemania hasta 1917, momento en el que ingresó en el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania (USPD), concretamente en su ala más izquierdista, la Liga Espartaquista, que acabaría formando posteriormente el Partido Comunista de Alemania (KPD). Fue miembro del Reichstag por este partido durante la República de Weimar desde 1920 a 1933.[cita requerida]

Contenido

Obtenido de "http://es.wikipedia.org/wiki/Clara_Zetkin"

Las 13 Rosas Rojas

Trece chicas, siete de ellas menores de edad fueron fusiladas por el régimen franquista en 1939 contra la tapia del cementerio este de Madrid por ser simplemente "rojas", por ello quiero realizar un homenaje a la libertad de expresión desde este blog, y rendir un homenaje a todas las chicas y chicos de aquella época que pensaban diferente a la dictadura.


CRÓNICA

Madrugada del 5 de agosto de 1939. Una descarga atronadora retumba en el silencio del día que comienza a despuntar. Después, con una cadencia monótona, suenan los disparos secos del jefe del pelotón de fusilamiento que remata a las víctimas, una a una, con el tiro de gracia. Las presas de la prisión de Ventas, que desde hace horas esperan ese fatídico momento, cuentan en voz baja: «uno, dos, tres trece».

El viento denso y pegajoso del verano hace perfectamente audible aquellos terribles sonidos en el centro penitenciario, distante apenas 500 metros en línea recta del cementerio del Este. Saben así que sus compañeras, que a partir de ese momento pasaran a formar parte de la memoria colectiva de la lucha contra el franquismo como Las Trece Rosas, han sido fusiladas. Su delito: ser rojas.

Momentos antes, y contra el mismo paredón del camposanto madrileño, habían sido ajusticiados 43 compañeros de la Juventud Socialista Unificada (JSU). En total, 56 fusilados en una de tantas sacas con las que el nuevo régimen castigó durante años a los vencidos.Un castigo ejemplar, un acto de venganza, con el que el régimen se saltó incluso sus propias normas formales, que establecían que las penas de muerte quedaban en suspenso hasta que se recibiera el enterado del Caudillo. Un formalismo que el Cuartel General del Generalísimo no cumplimentó hasta el 13 de agosto, cuando habían transcurrido ya ocho días desde que les dieron tierra.


El periodista Carlos Fonseca recupera en un libro trepidante titulado, Trece Rosas Rojas (Temas de Hoy), uno de los episodios más trágicos y desconocidos de la posguerra española. Un capítulo olvidado de los textos de Historia, con mayúscula, pero que permanecía fijado a fuego en la memoria de quienes sobrevivieron a aquel suceso. Con cartas de las protagonistas desde prisión, el testimonio de mujeres que vivieron los hechos y que compartieron amistad y cárcel con ellas, los recuerdos de sus familiares y la investigación en archivos militares y penitenciarios, el autor recupera la memoria histórica de un puñado de jóvenes idealistas que lucharon por la República, y recrea el ambiente opresivo del Madrid de la inmediata posguerra.

LAS HEROINAS

Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brissac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente, que así se llamaban Las Trece Rosas, no habían cometido más delito que defender la legalidad republicana contra el alzamiento militar del 36 y todas, salvo Blanca, la mayor de ellas con 29 años y la única casada y con un hijo de 11, militaban en la JSU, en el PCE, o en ambas organizaciones a la vez. Ni eran protagonistas ni lo pretendían, aunque los acontecimientos les reservase ese papel.

Todo comenzó a finales de febrero de 1939, cuando el Buró Político, máximo órgano de dirección del PCE, se reunió por última vez en Madrid para decidir qué hacer en caso de que la capital cayera en manos de las tropas franquistas, algo que parecía cada día más próximo. La decisión fue preparar la evacuación del mayor número posible de dirigentes y dejar la organización en manos de militantes de segundo nivel con la intención de que la mantuvieran con vida. Su tarea sería ayudar a los compañeros que quedaran en el interior, mientras desde el exilio se esperaban acontecimientos y se decidía qué hacer.

Cuando el 28 de marzo las tropas nacionales entraron en la capital, la práctica totalidad de dirigentes comunistas se encontraban ya fuera del país y un grupo de muchachos, que se habían batido contra el enemigo en los frentes de Brunete y Guadalajara, se hizo cargo del partido y de la JSU. Ayudar a los camaradas presos y a sus familias, esconder a los perseguidos e intentar recomponer los restos de la derrota era su único objetivo.

Como relata Nieves Torres, una de las protagonistas, «lo principal en aquellos momentos era esconderse, y después ver si la gente a la que conocías y lograbas localizar estaba dispuesta a seguir en la lucha. Yo me coloqué a servir en casa de unos señores de Cuenca que vivían en la calle Goya. Eran franquistas y yo me decía ¡bendita sea dónde te has metido!, pero estaba contenta porque tenía un sitio fijo para comer y dormir, y de vez en cuando paseaba por la calle por ver si me encontraba con alguien. Se trataba de ir captando a jóvenes y de reorganizar la JSU, ni más ni menos».

Madrid era una ciudad inhóspita y peligrosa para los enemigos del régimen, en la que las delaciones estaban a la orden del día. Denunciar era una obligación patriótica, una forma de extirpar el cáncer del comunismo y, sobre todo, la manera más clara y directa de demostrar la adhesión al nuevo Estado. La capital era barrida calle por calle en busca de enemigos de la patria con un odio sin precedentes.

TORTURADOS

Y así fue como la Policía franquista llegó hasta José Pena Brea, un muchacho de 21 años que había asumido la secretaría general de la JSU por decisión de sus compañeros. Fue conducido a la comisaría del Puente de Vallecas, y allí torturado durante días hasta que contó todo lo que sabía para acortar su sufrimiento a un precio enorme. En días sucesivos fueron cayendo todos sus compañeros que fueron, a su vez, fuente de nuevas revelaciones.Las Trece Rosas estaban entre los numerosos detenidos.

«Yo tenía 15 años cuando me detuvieron -cuenta María del Carmen Cuesta, hoy octogenaria- pero era valiente. Me llevaron junto a otras compañeras, entre las que estaba Virtudes, a la comisaría de Jorge Juan, donde estuvimos 10 ó 15 días. Nos interrogaban de madrugada para que no pudiésemos conciliar el sueño, y a los tres o cuatro días de estar allí empezamos a oír gritos estremecedores, espantosos, de compañeras que pasaban por los baños de agua fría, por las anillas eléctricas ».

Las corrientes eléctricas en pechos, muñecas y en los dedos de los pies y manos fue una práctica normal con los detenidos políticos, copiada de los miembros de la Gestapo alemana que se desplazaron a España. Torturas físicas que en el caso de las mujeres se complementaban con vejaciones que buscaban su derrumbe psicológico. Muchas de ellas fueron peladas al cero, e incluso les raparon las cejas para desposeerlas de su feminidad.

Su destino final fue la prisión de Ventas, la moderna prisión de ladrillos rojos y paredes encaladas inaugurada en 1933 como un centro pionero para la reinserción de reclusas, que los vencedores transformaron en un enorme almacén humano en el que se hacinaban 4.000 mujeres cuando su capacidad máxima era de 450.

Los talleres, los pasillos y hasta los váteres hacían las veces de dormitorios para una multitud en la que convivían madres con hijos, ancianas y muchachas casi niñas. Se comía sólo una vez al día y cuando te tocaba, que podía ser por la mañana o de madrugada, un caldo negro que se obtenía de cocer vainas de habas. Hacinadas y con el hambre como compañera, la sarna y los parásitos se comían a las internas, y la avitaminosis les provocaba enormes llagas en la piel. Dolencias agravadas por la ausencia de unas mínimas condiciones de higiene.

Así vivieron Las Trece Rosas hasta que la madrugada del 5 de agosto el runruneo de un camión viejo y destartalado les anunció que venían a por ellas. Dos días antes fueron condenadas a muerte por un Consejo de Guerra acusadas de un delito de «adhesión a la rebelión», y había llegado el momento de ejecutar la sentencia.

Julia Conesa Conesa, de 19 años, tuvo tiempo de escribir una última carta a su familia que decía así: «Madre, hermanos, con todo el cariño y entusiasmo os pido que no me lloréis nadie.Salgo sin llorar. Me matan inocente, pero muero como debe morir una inocente. Madre, madrecita, me voy a reunir con mi hermana y papá al otro mundo, pero ten presente que muero por persona honrada. Adiós, madre querida, adiós para siempre. Tu hija, que ya jamás te podrá besar ni abrazar».



La misiva concluía con un ruego: «Que mi nombre no se borre en la historia».

del Blog 13 rosas rojas

MEDIOS Y COMUNICACION

Aceptar la pregunta

¿A favor o en contra? Gabriela Cicalese propone salir del dualismo a la hora del debate sobre la ley de Servicios Audiovisuales de Comunicación, para reflexionar con el desafío de aceptar la pregunta antes que pretender tener la respuesta.

Por Gabriela Cicalese *

A quienes estamos en el mundo de la comunicación, una pregunta se nos vuelve interpelación insoslayable en las últimas semanas: “¿Estás a favor o en contra de la ley de medios?”. Desde que estudiábamos a principios de los ’90, muchos de nosotros hemos participado activamente de distintas instancias de debate: con legisladores que iban a las carreras a presentar proyectos, en comisiones que se armaban en cada encuentro de estudiantes de Comunicación para consensuar una posición nacional frente a los proyectos, en mesas especialmente conformadas con referentes del campo comunicacional, etc. Debate que, ya por entonces, era consolidado y viejo, debate que varios de nuestros docentes habían comenzado ya a partir del ’83 en ámbitos como la misma institución que hoy me toca dirigir, el Centro de Comunicación La Crujía.

Sin embargo, al escuchar esta pregunta, una misma (que tiene una mirada sobre los demás debates en términos de usos discursivos de unos y otros argumentos) no puede sino involucrarse en la falsa dualidad y se ve obligada a tomar partido por una u otra posición. Posiciones que, por otra parte, se leen automáticamente como “a favor del Gobierno” o “a favor de Clarín”. Barthes nos enseñó que el “ninismo” era una figura discursiva con la que los mitos podían reconocerse en nuestras sociedades. Esto de plantear falsas comparaciones para que un valor social se imponga sin discusiones y posibilidades de ser racionalizado.

También nos enseñó en este abordaje semiológico (aplicable en su libro Mitologías al lenguaje publicitario, pero que parece hoy aplicable también a nuestros propios discursos) otra figura, la de “privación de la historia”: allí donde un proceso pluricausal se vuelve esquemático o se impone como una novedad y no como una compleja construcción histórica. Sin embargo, se escucha en los colegas argumentos del estilo: “La única ley que rompió con la ley de la dictadura”. Como si la famosa derogación menemista del art. 45 que permitió los monopolios no hubiera existido y no fuera una modificación legal (la peor que pudo hacerse, claro está) a aquella primera ley. O cuando se plantea que una señal o medio “desaparecerá”, no ya por decisión empresaria de sus dueños sino por culpa de una ley. Pero las elipsis y los reduccionismos parecen estar validados hoy por los colegas a la hora de sostener un posicionamiento u otro sobre la ley.

El estar “a favor o en contra” de distintas dualidades cuenta en nuestro país con largos ejercicios de posicionamientos ideológicos, desde aquella “civilización o barbarie”, pasando por “unitarios y federales”, “peronistas y gorilas”, “la reelección-voto cuota menemista o el caos económico...” hasta el más próximo provocado por el “conflicto del campo” de 2008.

Cuando me preguntan en términos duales sobre la ley, intento posicionar el relativismo, aun cuando se nos tilde de “tibios/as” a los que no aceptamos la pregunta. Una vez revolucionó mi modo de pensar un comentario de la antropóloga y comunicadora Rossana Reguillo: “Lo importante en cualquier planteo de ciencias sociales, antes que las respuestas, es si aceptamos o no la pregunta”.

Si preguntan por la necesidad de la ley y la respuesta es sí, esa respuesta la teníamos como Coalición con los 21 puntos antes de decir hoy, unos y otros dentro de ese colectivo, que sí o que no a la urgencia en su tratamiento.

Si preguntan por el espíritu general antimonopólico, la respuesta es sí aunque hay aristas que “vienen en el paquete” y parece que hay que aceptarlas porque cualquier insinuación a alguna objeción específica se vuelve una conducta reaccionaria. Otra vez recuerdo entonces a Barthes en sus discursos míticos cuando describe la “vacuna”, aceptar un mal menor para impedir un mal mayor.

Podemos seguir mucho tiempo haciendo “mucho ruido y pocas leyes”, como declama el título del libro de Guillermo Mastrini, consulta obligada desde el 18 de marzo, cuando la Presidenta presentó el proyecto en el Teatro Argentino de La Plata. Pero también podemos exigir contextos de diálogo y no debates pautados que muchas veces se centraban en lograr una firma de aval a un proyecto ya diseñado.

Por eso, cuando como comunicadora me preguntan hoy: “¿Estás a favor o en contra de la ley de medios?”, lo primero que se me ocurre decir es “¿podemos reformular la pregunta?”. Y pensar entonces con mi coyuntural interlocutor/a los aspectos positivos y los que faltan, los acuerdos compartidos en viejos y nuevos debates, la excusa para revisar los manejos mediáticos, pero también los nuestros.

* Doctora en Comunicación. Directora del Centro de Comunicación La Crujía.

Vergüenza made in Argentina = Macri = Juezas

PIDEN JUICIO POLITICO PARA LA JUEZA QUE PROFIRIO INSULTOS DISCRIMINATORIOS A DOS EMPLEADAS

Una multa le hizo perder el juicio

El ministro de Justicia porteño presentó una denuncia contra la jueza en lo Contravencional y de Faltas Rosa Parrilli. Un video registra cómo invocó su condición de jueza para evitar una sanción de tránsito. Revelan que tiene pendientes veintinueve actas de infracción.

Por Emilio Ruchansky

Luego del escándalo provocado por la difusión del video en el que la jueza porteña Rosa Parrilli insulta, maltrata y discrimina a dos empleadas de la playa de estacionamiento de infractores del Obelisco, la magistrada sostuvo ayer que “no tiene que pedir disculpas”. Parrilli, que debe 29 infracciones de tránsito, aclaró que sólo les rendirá cuentas “a las autoridades competentes”. El ministro de Seguridad porteño, Guillermo Montenegro, ya radicó una denuncia, después de conocer el informe de las jóvenes agredidas y en el Consejo de la Magistratura porteño se abrirá una investigación. “No sé lo que pasó y no sé lo que dije”, sostuvo la jueza, pese a gran repercusión de la imágenes, tomadas por una cámara de seguridad. “No me vi en el video porque no tengo televisión”, aclaró.

El 15 de septiembre pasado, la titular del juzgado en lo Contravencional Nº 28 estacionó su auto, un Volkswagen Gol, casi en la ochava de la calle Rodríguez Peña al 400, en el centro de la ciudad. Al rato, una grúa de la empresa SEC remolcó el vehículo hasta la playa de infractores, en el subsuelo del cruce de 9 de Julio y Sarmiento. Allí arribó la jueza, con prisa, y deslizó de corrido, casi sin respirar, su primera frase: “Yo soy jueza, me sacaron el auto mientras estaba haciendo un procedimiento; no es la primera vez que me pasa, estoy trabajando y necesito el auto ya”.

Las empleadas, Rocío Marlene Gómez y María Itatí Albe, le pidieron la documentación del auto. Parrilli les aclaró que no pensaba abonar nada, ni el acarreo (190 pesos), y pidió hablar con alguna “superioridad”. Le indicaron que debía consultar con el controlador de faltas. “Yo no tengo que ir a ningún tribunal de Faltas, a ellos, (por los controladores) también los mando yo. ¡Tonta! Que alguien me acompañe al auto”, dijo la jueza, impaciente. Las empleadas le indicaron el lugar donde estaba estacionado su coche, pero ella quería que la acompañaran, a lo que éstas se negaron.

“La que mando soy yo”, insistía Parrilli, que todo el tiempo repetía: “Rápido, rápido”, escudándose en que estaba en medio de un procedimiento. Gómez, detrás de la ventanilla, pedía que no la maltrate y le explicaba que ella no podía darle de baja a la falta. Finalmente, la jueza pasó por el edificio municipal de Carlos Pellegrini al 200 para comparecer ante una controladora de Faltas, quien le perdonó la multa y el acarreo que se había negado a pagar. La magistrada volvió triunfante a terminar el trámite y le dijo a una de las empleadas: “Te hubiera metido un cachetazo por hacerme perder el tiempo, no te das cuenta tontita de que te dije que acá mando yo”.

–No me trate mal, pase por la ventanilla de al lado, mal educada.

–¿Me das salida? –dijo la jueza a otro empleado y luego habló mirando a la anterior empleada–. A los paralíticos, a todo el mundo que no tienen que acarrear le sacan el auto... Mirá, espero que no caigas nunca en mi jurisdicción porque te meto presa ocho meses. Les pagan 1200 pesos para joder a la gente. Ja. Todas morochas, ni una rubia contratan...

–¿Y a usted cuánto le pagan por discriminar, señora? –soltó la empleada.

“Por lo que vi, la jueza chapeó. Las prácticas de muchos jueces son ésas”, opinó unaalta fuente de la Justicia porteña. “Hubo abuso de autoridad en todo momento, al menos eso intentó porque esas empleadas no dependen de ella, sino de la administración de la ciudad y, aunque así fuera, los funcionarios judiciales no estamos exentos a ninguna norma”, explicó.

Consultada por este diario sobre la justificación de Parrilli de que levantaron su auto mientras ella estaba en un procedimiento, la fuente dudó un buen rato. “Ella es una jueza penal, contravencional y de faltas. Los procedimientos de faltas están a cargo de la administración gobernante; en la parte contravencional, como indica el Código de Convivencia, el que instruye la prueba es el fiscal, no el juez. Sólo podría darse la presencia de un juez en un operativo por algunos de los 25 delitos penales que fueron traspasados a la ciudad, pero realmente es muy raro que pase eso. No creo que sea el caso.”

Ayer, luego de que las imágenes de las cámaras de seguridad del lugar recorrieran los canales de televisión, el ministro porteño de Justicia y Seguridad, Guillermo Montenegro, confirmó que ya había denunciado a Parrilli por el delito de amenazas y discriminación. El caso recayó en la Fiscalía Penal Nº 6, de Angel Carestía. “Es sumamente grave –evaluó Montenegro–, la jueza entiende claramente de lo que está hablando porque es del Tribunal de Faltas.”

Además, el ministro hizo una presentación en el Consejo de la Magistratura para reclamar el juicio político y destitución de la jueza. El presidente de este Consejo, Mauricio Devoto, anunció la apertura de una investigación sobre el proceder de Parrilli. “Vi el video y esto no le hace bien a la Justicia para nada”, sostuvo. “Tenemos que ver cuáles son las distintas posibilidades y variantes que la ley nos da para encuadrar los hechos que han sido denunciados –aclaró Devoto–. Cuando se inicia un jury, gran parte de las cuestiones están vinculadas con el ejercicio de la función de la jueza, que no es lo que ocurrió en este caso porque esos hechos se han producido en otro ámbito.”

Fuentes del Ministerio de Seguridad porteño contaron a Página/12 que la jueza fue intimada por la Dirección de Faltas para pagar las 29 infracciones pendientes en los próximos quince días. Además, el secretario de Justicia de la ciudad, Daniel Presti, separó de su cargo a Mabel Angotti, la controladora que eximió de pagar la última multa. La controladora, aunque goza de cierta autonomía, está bajo la órbita del gobierno porteño. “Descubrimos que había nueve infracciones, incluyendo esta última, en las que fue eximida. En todas actuó Angotti como controladora”, precisó la fuente.

Ayer, el video de la jueza Rosa Parrilli estuvo primero en el rating de la TV.

Cien veces pioneras

Hace casi cien años se realizó el primer Congreso Femenino Internacional en Argentina. Alrededor de este acontecimiento se arman las vidas de cuatro mujeres notables que lucharon por los derechos femeninos y civiles.


Por Mercedes Halfon

Mujeres extraordinarias
Myriam Escliar

Acervo Cultural
182 páginas

El 2010 no será sólo el año del bicentenario de la Revolución de Mayo, sino también el año del centenario de otro hecho no tan definitivo pero de gran trascendencia en el relato de otra historia, igual de heroica pero que no aparece en los manuales escolares. Se trata del primer Congreso Femenino Internacional realizado en la Argentina, justamente en el mes de mayo de 1910. Este singular acontecimiento que tuvo lugar en el salón de la Unione Operai Italiani es tomado por el libro Mujeres extraordinarias de Myriam Escliar como el eje temporal y espacial para reunir a los cuatro personajes que serán retratados. Ellas son: Cecilia Grierson, Julieta Lanteri, Fenia Chertkoff y Carolina Muzzilli, cuatro pioneras de las luchas femeninas locales, cada una desde su particular ubicación en el mapa sociocultural de fin de siglo XIX y principios del XX. Todas estuvieron presentes en este Congreso, leyeron sus proclamas, sus proyectos de leyes, sus reflexiones, que resultan hoy no sólo reveladoras sino sorprendentemente avanzadas en cuanto a sus diversos puntos de vista sobre los derechos de la mujer.

Myriam Escliar ha publicado traducciones, trabajos de investigación y biografías noveladas sobre distintos personajes femeninos y masculinos de la cultura argentina como Mujeres en la literatura y la vida judeoargentina y Los otros gauchos judíos, entre otras cosas. En este caso decidió hacerlo sobre estas mujeres a las que se les ha escamoteado el lugar de figuras emblemáticas, a pesar de que todas trazaron con sus vidas un recorrido audaz y precursor.

Cecilia Grierson fue la primera médica recibida en la Universidad de Buenos Aires, Julieta Lanteri una activa militante que fundó el Primer Partido Feminista desde donde abogó por el voto universal, Fenia Chertkoff la llamada “madre del socialismo”, Carolina Muzzilli una obrera que reivindicó los derechos de la mujer en el marco de la lucha de clases. Desde estas voces y con una narración que intenta alejarse del registro documental o historiográfico, se cuenta la forma en que los reclamos puntuales acerca de los derechos de la mujer –y otros sectores desfavorecidos de la sociedad– fueron tomando forma para las mujeres que levantaron la voz. Algunos de ellos fueron: regulación del aborto y de la prostitución, ley de divorcio, voto universal, eliminación del trabajo infantil, salud gratuita y para todos. Hay que decir que a estas mujeres les tocó un momento particularmente reactivo a sus ideas, el de “el régimen” oligárquico conservador. Julieta Lanteri muere atropellada en circunstancias nunca esclarecidas, y las demás tuvieron que padecer durante toda su vida las trabas del Estado y de una sociedad aún no preparada para sus innovaciones.

El libro de Escliar funciona, más que como una novela, como un registro de época, una historia de las mentalidades, cruzada con hechos conocidos desde una perspectiva sesgada –la Semana Trágica vista desde la participación de Fenia Chertkoff en el movimiento obrero socialista– en un buen sentido. En este marco sirve para llenar de contenido las habituales lagunas en cuanto a la historia de las mujeres. Como triste moraleja Escliar hace saber al final que casi todas las conquistas perseguidas por estas mujeres continúan sin alcanzarse.

Debate sobre la despenalización del aborto

Urgente

El debate sobre la despenalización del aborto logró colarse en la agenda pública a través de dos actividades realizadas a las puertas mismas de ámbitos legislativos, allí donde esta discusión podría tener un correlato efectivo sobre la vida de las mujeres. La primera, organizada dentro del Congreso de la Nación por Católicas por el Derecho a Decidir, hizo oír fuerte y clara la voz de la ministra de la Corte Suprema Carmen Argibay a favor del derecho a decidir de cada mujer. La segunda fue un balance: la línea de información sobre aborto medicamentoso contó sólo en un mes una llamada cada media hora pidiendo asesoramiento sobre la forma más segura de interrumpir un embarazo. Mientras en Argentina los índices de mortalidad de gestantes hablan con vergüenza de casi 350 muertes por año, aquí, Jefferson Drezett, director de un centro de salud dedicado a la atención de abortos legales en Brasil muestra sus cifras: en 15 años de trabajo no hubo una sola complicación por aborto. Con ese solo dato debería ser suficiente: el debate sobre el acceso al aborto es urgente.

“No defiendo el aborto, no soy abortista ni ando persiguiendo a las mujeres embarazadas para que aborten –enfatizó Argibay–, pero las complicaciones por abortos clandestinos en los sectores más humildes de la sociedad son una causa de muerte materna muy alta en nuestro país. Es una tragedia.” Y recordó, como si aún fuera necesario refrescar cuáles son los ejes perentorios del debate, “que esto tiene que ver con la igualdad, la dignidad y la libertad de elegir de las mujeres”.

La ministra de la Corte Suprema ya se había pronunciado en contra de toda forma de violencia contra las mujeres y a favor “de una profunda discusión” el 16 de septiembre último, en el marco del seminario internacional “Avances y asignaturas pendientes en derechos sexuales y derechos reproductivos. El aborto: sus diferentes realidades”, realizado, justamente, en uno de los salones del Congreso Nacional. Porque sobre aborto y sobre la salud de las mujeres se habla y la discusión se filtra aun cuando no tenga tratamiento parlamentario.

“El aborto no es tabú, es parte de nuestra naturaleza humana y sobre esto hay que discutir. Tengo la impresión de que esta sociedad, que está muy crispada, tiene grupos que intentan imponer la falta de debate”, advirtió en la inauguración de ese encuentro convocado por la agrupación Católicas por el Derecho a Decidir. “Si alguien quiere tener un hijo, bienvenido sea, pero si no quiere, también. Empecemos por esta dignidad de la igualdad, que todavía no se ha tratado.”

Precisamente, la línea telefónica Aborto: más información, menos riesgos, es una estrategia activa que intenta sacar del closet el libre goce de la sexualidad para instalarlo en una zona donde el reclamo de derechos es salud. Según explicó Gabriela Díaz Villa, integrante de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto e impulsora del proyecto, “las mujeres que llamaron a la línea ya tenían referencias sobre el uso de misoprostol para provocar abortos, pero estaban cargadas de mitos, errores y prejuicios. Era información falsa, desactualizada e incompleta”.

Del registro de consultas surgió que las mujeres procuran información sobre aborto tempranamente. Muchas llamaron con un tiempo de gestación promedio de 7,4 semanas. La interrupción del embarazo con misoprostol registra su mayor eficacia y seguridad entre las semanas 7 y 9 de gestación.

Entre el 31 de julio y el 31 de agosto último, el 23 por ciento de las llamadas se realizó desde esta ciudad, el 30 por ciento de la provincia de Buenos Aires y el resto se distribuyó en otras 15 provincias. En la mayoría de los casos mujeres de entre 13 y 47 años refirieron que la búsqueda de información estaba consensuada con otras personas. Un 92 por ciento llamó acompañada, en el 23 por ciento de los casos por sus parejas. Sólo el 8 por ciento manifestó no tener con quién compartir la iniciativa o que prefería enfrentar la situación en soledad. De las menores de 21 años que llamaron, el 11 por ciento lo hizo acompañado por sus madres.

“Las mujeres que llamaron conocen las fechas de sus ciclos menstruales, estuvieron embarazadas, saben cómo confirmar un embarazo y cómo acceder a una ecografía –detalló Díaz Villa–. Pero no tienen información sobre su propia vagina ni sobre los procesos de emba-razo, aborto o parto.” Sólo en el 37 por ciento de las llamadas las mujeres manifestaron haber usado algún tipo de anticoncepción.

De las conversaciones a través de la línea surgió que el 82 por ciento de los varones no usó preservativos y que resulta difícil “negociar con ellos” la anticoncepción y la prevención de enfermedades de transmisión sexual (ETS). Mientras que un 11 por ciento de las mujeres comentó que tomaba pastillas anticonceptivas, otras mencionaron frases como “me dijo que era estéril”, “prometió acabar afuera”, “no lo pude evitar” o “me dijo que se hizo una vasectomía”. Son los varones quienes controlan las condiciones del encuentro sexual.

“Hemos recibido llamadas de personas de 13 a 47 años, en diversas etapas de sus vidas, de sus períodos de capacidad reproductiva –detalló Díaz Villa–. Todas con dudas, temores, unidas por la invisible cadena de tabúes que rodean el cuerpo, la sexualidad, la maternidad y la capacidad de decisión de las mujeres.”

Los últimos registros oficiales advierten que durante 2007 murieron 74 mujeres por abortos inseguros. Se las considera ciudadanas de segunda en un Estado emisor de legislación en abundancia pero que se desdibuja en agencias, programas y sistemas públicos sanitarios que no alcanzan a proteger lo más desprotegido. “Una democracia que para las mujeres llega hasta el ombligo y continúa en las rodillas –concluyó Díaz Villa–. El resto es del Estado.”

Impulsado por la propia voluntad y compromiso de las organizaciones de mujeres, de manera tangencial o en los umbrales mismos de donde debería habilitarse una discusión que podría proteger de manera efectiva la vida y la libertad de las mujeres, el debate sobre la despenalización del aborto se impone. Y es urgente.

Imagen: morguefile.com
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“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información.” Rodolfo Walsh, ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), 1976.
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NOSOTRAS PODEMOS !!!

NOSOTRAS PODEMOS !!!
"Maternidad " de Francisco Zuñiga, escultor y pintor costarricense





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SOMOS FUERTES, SOMOS DE SANGRE ROJA, SOMOS INDÍGENAS !!!

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La Libertad...

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NO AL FASCISMO !!!

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Quetzalcoatl

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Apagá la Tele - Encendé tu Cerebro

http://www.pagina12.com.ar/fotos/20090828/titulares/na01fo01.jpg

soldado esposo

"Canción del esposo soldado"
"Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo."
Miguel Hernández