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viernes, 30 de octubre de 2009

"Pérdidas"

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CONTRATAPA

Pérdidas

Por Bea Suárez


"Que esta tierra me trague.

Que esta naturaleza me trague..."

Arturo Carrera. El vespertillo de las parcas.


Si me sacan todo, si quedo sin nada, me voy a vivir a un pozo de Aguas Provinciales. Están por toda la ciudad, veredas, calles, cortaditas, boulevares, parques, avenidas.

Algunos grandes, otros gigantes, tienen rejas, nombre, y mucho, mucho espacio.

(Roturas de Rosario que aprovecharía en caso de urgencia).

Si quedo en la lona, si la crisis me mata.

O prolongaría mi estadía en diversos países europeos por algún tiempo.

Una casa, una patria, todo lo que esa patria tenga de universal.

Si extravío mi mundo en el indeleble mundo argentino, mi carnet de rosarina.

Pienso en si caen enormes multas de los cielos, o hay censura en mi letra o presiones económicas; pienso en la estrechez, la revisión de mis actos, la tonta evolución del dinero, alguna convicción forjada entre panfleto y sustantivo.

Si caigo al fondo, si en ese fondo hay barro, y mis piernas se hunden (como parece surgir de algunos documentos descontados), si mi propia organización social deviene licuadora y dejo de silbar zambas en peatonal Córdoba, con ingenuas provocaciones de la realidad que me hagan bolsa, entonces, muerta de miedo o hipo (¿qué más da?) iré a parar a los caños (como decía mi abuela Tata), iré a tomar conciencia de que existo, proliferada, loca, majestuosa y sin nada.

Creo en la calma de no poder perder más. Nada más.

Fabulo con desistir de supuestas riquezas, saco hojas de mí con las tenazas de la urbe, pongo mi corazón en tribunales y respiro.

(Un corazón en tribunales. Qué cosa!).

Si me quedo en el bosque y la humedad, como un Tarzán incierto, fuera de red, podría irme a vivir (confusa) donde placidez y catástrofe fueran sinónimos, y uno, un número entero, un cálculo extraño.

Si finalmente la quiebra y el embargo se impusieran, y las máquinas propias del comercio me trituraran, eso no significaría ninguna aportación de elementos nuevos, no, solo materia de la cultura.

Me salvarían las notas, la poesía, las viejas y empobrecidas partes de la ciudad, el cine, la escultura.

Los sueños que soñé o que aún no he soñado.

Viva, por estar viva, porque, aún para todo eso, tengo que estar.

Viva.

beagasua37@hotmail.com

domingo, 25 de octubre de 2009

MUJERES. ROSARIO/12 ESTUVO CON LAS CUATRO MUJERES DE VILLA BANANA

QUE PARTICIPARON DEL ENCUENTRO NACIONAL DE MUJERES EN TUCUMAN.

El desafío de ver lo que hay más allá de la villa

Son parte de los sectores sociales más postergados y excluidos del país. Viven en uno de los asentamientos más antiguos de Rosario desde hace años y todas tuvieron experiencias duras como el abandono y el trabajo infantil. Pero María, Santa, Miriam y Catalina hoy trabajan en un grupo para enfrentar las adversidades del barrio, estudiar y crecer.

Por Alicia Simeoni

Cuatro mujeres que viven hace muchos años en Villa Banana, el gran asentamiento de pobreza que se extiende a pocos metros de la sede del Distrito Oeste, en avenida Presidente Perón y Felipe Moré; fueron protagonistas del XXIV Encuentro Nacional de Mujeres realizado dos semanas atrás en San Miguel, Tucumán. Entre las miles y miles de mujeres que participaron, la asistencia de María, Santa, Miriam y Catalina tiene una significación especial: Se trata de quienes hacen esfuerzos por pararse de una manera distinta en la vida que hasta ahora transcurrieron. Las cuatro son parte de los sectores más excluidos y castigados de la población argentina. Ellas han pasado por las experiencias más dolorosas, el abandono, el trabajo infantil, todas las carencias económicas, educativas y de salud. Sobre esa base cada una vivió múltiples formas de violencia, violaciones y abusos. Sin embargo hoy se integran y trabajan con el grupo El Hormiguero (ver aparte) intentando aprender a leer y escribir y, al mismo tiempo, buscar salidas para los problemas más fuertes que tienen en el lugar donde viven. Desde esa experiencia recibieron la propuesta de viajar a Tucumán y después de tantos reveses de la vida dijeron a sus parejas, u otros familiares, que se iban por 3 días. Fueron capaces de salir del único y difícil ámbito en que se mueven, el familiar, en la villa, y se dedicaron a sí mismas y al trabajo que vienen realizando grupalmente. Una experiencia con un toque de aventura y alegría, la posibilidad de reconocerse en la problemática de tantísimas otras mujeres, de escuchar y ser escuchadas. También en aquellos temas que como sector social las tiene como principales víctimas, el de los abortos practicados en las peores condiciones y que es causa de tantas muertes, aunque ellas sostengan el discurso único que pudieron escuchar en sus vidas y que niega a las mujeres la posibilidad de decidir, enteramente, sobre su propio cuerpo.

María Sosa (83), Santa Mora (46), Miriam Velásquez (40) y Catalina Sotelo (49) son las cuatro mujeres que habitan en Villa Banana desde hace muchos años. Las historias que desgranan con Rosario/12 al regreso del XXIV Encuentro Nacional de Mujeres que se hizo en Tucumán, arrancan con el trabajo desde niñas, con el correlato casi obligado de convertirse en víctimas de la violencia de sus parejas, alguna de violación a edad muy temprana y el transcurrir por una vida con carencias totales, afectivas, económicas, educativas, de atención de la salud. Casi podría decirse que tuvieron ecuación cero para todo lo que tuviera que ver con la promoción de sus personalidades.

Cuando Santa comienza a hablar lo hace con todo la fuerza de una líder. Ella es desenvuelta, solidaria y reconocida por sus vecinos del barrio. De hecho crió a sus propios hijos y también a otros que le fueron derivados, bien por alguna situación familiar de disgregación o porque desde la institución escolar se medió para que ella se ocupara de otros hijos, según cuenta. Cuando avanza en el relato y toma momentos de su vida, Santa afloja la coraza hasta llegar a una situación de mucha angustia, así ocurre con sus compañeras cuando recuerdan, nada más ni nada menos, situaciones vividas por cada una en relación con esta oportunidad que significó el viaje a Tucumán. La oportunidad de la que se habla no es sólo la de haber salido de los límites de la villa, algo que nunca habían hecho, sino que para hacer el viaje cada una de ellas debió procurarse el espacio, plantarse ante sus parejas para decirles que ellos, los hombres, debían hacerse cargo de los niños o bien de estar atentos al hogar porque ellas viajaban al Encuentro. Todavía no aparece tan claro, el significado de haber podido elegir, el esfuerzo de dejar 'por un rato' el agobio y la desesperanza del ámbito estrictamente privado, para llegar a un lugar de encuentro público, de formación, intercambio de ideas, reclamos y esperanzas. Allí pudieron escuchar y también ser escuchadas y reconocerse en problemas de género con tantas otras mujeres del país y del extranjero.

Junto a María, Santa, Miriam y Catalina están las chicas de El Hormiguero, Magalí Marega, Sofía Vitali, Florencia Orpinell y Paola Colombraro quienes, a partir de los talleres de alfabetización con los que vienen desde hace tiempo, les hicieron la propuesta de participar del Encuentro de Mujeres. Se resolvió hacer actividades para reunir algunos fondos venta de empanadas, tortas fritas , y luego canalizar la participación a través del espacio de Mujeres Encontradas que funciona en el marco de la seccional Rosario de la Asociación Trabajadores del Estado CTA que coordina Liliana Leyes. Justamente las chicas de El Hormiguero dicen que ahora son muchas más las que quieren participar el año próximo. Y las cuatro están contentas: "Mirá desfilo como la (Daniela) Cardone", dice Santa después que fueron fotografiadas y las otras le siguen la corriente como parte de un juego de autovaloración.

María tiene 83 años. Su historia, como la de sus compañeras es la de haber soportado siempre la pobreza y la exclusión que en algunas etapas de la vida fue más fuerte. Nació en el Chaco y se crió en el norte santafesino, en Las Toscas. Calcula que tenía alrededor de 8 años, o menos cuando trabajaba chalando caña y juntando algodón en una chacra. Después tuvo 14 hijos, 7 varones y 7 mujeres. "Uno de ellos murió quemado en una fábrica cuando se fue a trabajar a La Plata...Y yo trabajé mucho más en el campo para criarlos y después me vine a Rosario. Tenía mi ranchito, así de petisito dice mientras señala la altura de 1 metro 50 , con latas y tarrito. Me lo dieron, pero allí crié hijos y nietos y ahora lo estoy haciendo arreglar".

Junto a la gente de El Hormiguero, María y las otras mujeres están aprendiendo a leer. "Reconozco las letras pero todavía no puedo formar palabras. Mi abuela que me crió vivía en Goya donde había escuela pero después nos mudamos, así que fui muy poquito", cuenta esta mujer de tez tostada y ojos profundamente celestes. Mientras Santa agrega que sus encuentros también tienen que ver con todos los problemas que hay en el barrio, agua, luz, trabajo. Allí falta de todo y no hace tanto tiempo murió una niña de 7 años en una casilla incendiada a raíz de las precarísimas condiciones en las que se proveen de electricidad.

Santa vive del cirujeo, tiene 7 hijos y cría otros 2 que no son suyos. Se queja porque hace tiempo atrás "me sacaron el caballo...así que me quitaron la mano derecha", dice. Ella es de Goya y vino a Rosario hace 23 años "por falta de comida y de trabajo"

"Fue bueno ir al encuentro -comenta , yo nunca conocí nada, sólo el Paraguay cuando me llevó una patrona y Reconquista porque iba con mi papá y mi abuelo a la cosecha de algodón. En Corrientes plantábamos mandioca, zapallo, ordeñábamos vacas".

¿Y qué piensan de los derechos que corresponden a las mujeres?

Que deberían cumplirse, nosotras somos el puntal de la familia, tenemos los hijos, los criamos, trabajamos y estamos en todo. La mujer nunca está 'al pedo' en la casa. (En términos similares lo dicen Santa, Miriam, María)

Santa Mora es la primera que señala que su atención fue atrapada en Tucumán por todo el paquete temático sobre la violencia de género. "Me desespera cuando no se puede hacer algo con el tema de la violencia porque yo pasé por eso, mi marido me golpeaba, rompía cosas y cuando iba a Tribunales me decían que tuviera paciencia, que él tenía derechos porque es el padre de mis hijos y que tenía que darle otra oportunidad. Vivía siempre con algún ojo o el cuerpo morado y escuchar a otras mujeres me duele".

La historia de Santa, niña, mujer, es la de todo lo que no debiera suceder. Desde muy pequeña fue criada por sus abuelos, conoció a su madre a los 15 años y sus abuelos la 'jugaban', dice, una expresión que incluía el hacerla trabajar en el campo, maltratarla de maneras diversas y entregarla a los 13 años al 'servicio' de algún hombre. Así y a esa edad tuvo un hijo al que perdió a los 11 meses cuando firmó un papel porque le prometieron vivienda o trabajo, pero que hablaba de la venta del niño que hoy tiene 33 años y al que sigue buscando con mucha angustia. "No sabía leer ni escribir, me mintieron", dice sin consuelo.

Esta mujer a la que le cuesta un rato reponerse del relato también pudo aportar lo suyo en Tucumán y hablar en el taller en el que se abordó el rol de las madres sustitutas. Así contó su experiencia respecto de los dos chicos que desde el mismo Estado, a través de la escuela, explica, tiene en su casa para seguir criando. 'La mujer, sostén de familia' y 'La mujer en la organización barrial' fueron los dos espacios en los que estas mujeres de Villa Banana contaron sus experiencias y brindaron sus miradas.

Miriam Velásquez tiene 40 años. Es delgada, menuda, parece de menor edad. Ella estuvo durante un año, así lo relata, en el refugio Alicia Moreau de Justo que la Municipalidad de Rosario tiene en la ciudad con algunos de sus hijos. Después la ayudaron para que se construyese una 'piecita' en Alvear, cerca de donde vive su madre, pero la convivencia no funcionó y un día, después que dos de sus hijos volvieron con su padre, ella regresó con el más chico "que quería que vivamos todos juntos", explica. Miriam está casada con uno de los hijos de María quien también fue víctima de la violencia y con un toque de humor dice que "yo lo saqué a escobazos a mi marido". La referencia a sus hijas, nietas de María, trae a colación otra historia de abuso sexual y una jornada donde parte de la villa quiso ajusticiar al abusador, un vecino del lugar.

"Yo daba vueltas, no sabía si ir, por mis chicos, por mi mamá, por los animales, pero Lila otra vecina que está en la reunión y participa del grupo , me convenció. Se lo dije a mi marido y me fui. La pasé tan bien que me olvidé de todo. Es ver en otras muchas mujeres lo que a cada una de nosotras nos pasó y nos pasa y pensar en cómo salir de esas situaciones", sigue Santa Mora.

"El taller de 'Mujeres sostén de familia' me resultó muy especial, muy interesante, hablaban de los hijos y yo tengo uno que dicen que se droga y quisiera que me ayuden antes de que me lo traigan en un cajón", comenta Velásquez. Su testimonio da lugar a un intercambio de palabras entre ellas: "Yo no creo en esas personas que dicen que no se puede dominar a los hijos, yo crié a mis hijos, ninguno se droga, sólo el mayor me da algunos dolores de cabeza", afirma Santa con un discurso duro y por momentos estigmatizante o por lo menos no comprensivo de los recursos que cada una de las mujeres allí presentes pudo desarrollar.

En cuanto a Catalina eligió no hablar. Ese día su voz no fue escuchada en el grupo. Nadie le insistió y respetaron su silencio.

Catalina, Santa, Miriam, María y Lila; las mujeres de Villa Banana que compartieron su experiencia.
Imagen: Alberto Gentilcore

lunes, 12 de octubre de 2009

Como bicho bolita

CONTRATAPA

Por Sonia Catela

Aprieta en su mano los tres billetes de dos pesos como si trasladara millones, (aprieta millones) y bajo pena de muerte, "que no te los quiten ni los pierdas porque me las pagás", patada en alto, Tito le tira encima los billetes que pesan igual que piedras y ella los acuña en la palma y los estruja aunque se obstina en negarse al trámite: "Mamá dice que soy burra y no entiendo el dinero... Mejor mandálo a Guille"; se resiste pero no por eso, por lo otro: el pelotón de fusilamiento que ya divisa en la cuadra siguiente y difícilmente pueda sortear. Cuando se cruce con los de la Tribu la arrastrarán al baldío, la harán demorar por lo menos tres cuartos de hora y según cómo quede, ilesa o machucada, podrá o no cumplir con el mandado de Tito.

Los de la Tribu la han rebautizado Pelota. Pelota. Todavía no la vieron, mejor guarda la plata para que no se la saquen; la entierra en la boca de la zapatilla y la ajusta dentro de la media cruzándole encima el cordón, aunque más seguro todavía sería metérsela en la bombacha, pero ¿cómo hacer en una verdulería repleta de curiosos para sacarse los pesos de ahí, si es que llega a la verdulería?

Debió repetir palabra por palabra, como el padrenuestro, el comando de ir y traerle al hermano esto y esto, ¿pero, seguro que se consigue en la verdulería? "Repetí lo que te dije a ver si entendiste. ¿Entendiste? Corré o te llevo a las patadas" y la empujó contra el armario. Desde el kiosko distingue claramente a cada uno de los pibes de la Tribu, y ellos en la esquina de la otra cuadra también la ven; le mandan señales que los hacen notar: "apurate". Se asoma bajo la chapa pintada de rojo que hace de toldo del multi rubros, pide: "deme uno de esto y esto", la mujer se apantalla en la hoguera de los 56 de térmica, "ya no vendemos, se nos acabaron; los conseguís en la verdulería", "¿no le quedará alguno a don Rossi?"; la kioskera ventila el "no" ingiriendo bocanadas de llamas y curiosea: ¿cuántos años tenés vos?, "doce", dice; se agranda un par de cumpleaños y midiendo la otra cuadra calcula que deberá atravesar un frente de cien metros de turbulencia para llevarle esto y esto a Tito, sortear ese volcán alborotado que la urge: "apurate, Pelota". Los de la Tribu la remolcarán al baldío, la obligarán a lo que ella no quiere, bajo aviso: "del baldío, mejor no contés por ahí. aunque, bah, si querés batir, batí nomás, total..." Pero mejor no habla.

Cruza la calle, ya se distinguen cortadas a cuchillo las voces, se escabulle a la vereda de enfrente pero el grupo ha decidido en qué divertirse: ella.

En el baldío la hacen doblar entera, como un bicho bolita, cabeza apretada al vientre, los pies puestos sobre los hombros, no me sale, no puedo, y el Sargento (grado que se autoadjudica el Machi): "a que podés". La mayoría de las veces, antes de todo, la atan con una cuerda.

Cerca de una hora la van a tener, o más, según. Después, a aguantar las interpelaciones maternas: "¿sos retardada que demorás tanto en traer el kerosene de lo de doña Rufina?". O la bronca del hermano.

Se le abalanzan entre empujones; los muchachos del grupo la levantan y vitorean, ¿y si se le salen del zoquete los seis pesos del mandado?, "¿adónde estabas yendo, Pelota?" , "a la verdulería", "¿a qué?", "a comprar zanahorias?", "¿para quién?", "Para Tito", "Ah ¿pero tu hermano se llama Tito o Paco?" se solazan, la enfundan en el buzo del Sargento, (un rompevientos enorme) y la amarran con las mangas dejándole sólo la cabeza y las manos libres, "dale" le indica el Sargento a Morcillla,

"¿Qué hacés que tardás tanto para traer ir y venir de lo de doña Rufina, babieca?", "nada hago, mamá", los de la tribu la ponen en el suelo, arreglan las marcas del arco, la acomodan y empiezan a jugar. Sargento patea a Pelota, elude a Roña, a Chorito, se aproxima a la zona rival, avanza, esquiva a Morci, tira al centro, emboca a Pelota, tanto. Si se acuerdan, la hacen gritar "gol" cuando traspone algún arco. Si no, juegan en silencio. Cuando aprieta este calor, ningún vecino pasa por el baldío, demasiado pegado al basural. Ya van dos a cero. Si el Sargento se cansa, dará por terminado el partido. Suda mucho. Que se canse pronto, piensa Pelota rodando, ahí se acerca otra pateada, pierna lista para pegarle al centro; se tapa las orejas, los ojos. Pero es corner. Que se aburran de una vez. No se aburren. El arquero la arroja, Chorito zigzaguea, de un ángulo imposible la mete a Pelota en el arco rival y los que van perdiendo festejan el gol a todo pulmón; la diferencia se achica, el empate es ahora posible. Sacan los de Sargento, usan una táctica conservadora, Pelota rueda en pases cortos.

Cuando terminan cada partido, se agarran unos a otros de la cintura y cantan a "oé oé oé oh oh oh oh", el pie del Sargento sobre Pelota en el piso de la cancha. Sólo cuando acaban los cánticos, el Sargento se agacha y la desata.

Si siguen atrasando, y que "es penal", "callate ciego", la verdulería va a cerrar y ella entrará en la casa sin el paco de Tito.

Y se le va a armar.

...

(* Según cifras oficiales, el negocio del paco en la Argentina mueve más de 350 millones de dólares por año, con 85 000 adictos; una dosis cuesta 6 pesos, y se dan consumos de hasta veinte dosis diarias. Como se ve siempre se les puede sacar algo a los que nada tienen).

soniacatela@yahoo.com.ar

UNA CHICA DE 21 AñOS MURIO COMO CONSECUENCIA DE UN ABORTO CLANDESTINO

SANTA FE

Muertes que debieron evitarse

La chica había venido desde La Carlota para que una amiga de la madre le interrumpa el embarazo. La precariedad de la práctica determinó el desenlace. Este año se conocieron cinco decesos de mujeres jóvenes por complicaciones de aborto en Santa Fe.

Por Sonia Tessa

"Se me fue de las manos. Matenme", fue lo primero que dijo Stella Maris Zabaletta cuando llegó a la comisaría 11, el sábado a la tardecita, para entregarse como responsable de la muerte de María Díaz, una joven de 21 años, como consecuencia de un aborto clandestino. La chica vivía en la localidad cordobesa de La Carlota y había llegado hasta la casa de la comadrona, en el Fonavi de Grandoli y Gutiérrez, para interrumpir el embarazo de mellizos, con más de tres meses de gestación. Zabaletta trabajaba en un geriátrico y ponía inyecciones a los vecinos, pero no era enfermera. Según ella misma contó después en la seccional, nunca había practicado un aborto. Sólo lo había leído en libros, pero se ofreció a hacerlo porque era muy amiga de la madre de la chica.

La estadística -de la que siempre se supone subregistro- indica que este año murieron cinco mujeres -todas jóvenes- en la provincia por esta causa. La solución está al alcance de la mano de los legisladores: un puñado de iniciativas para despenalizar el aborto siguen sin tratarse en el Congreso nacional. Entre ellas, la elaborada por la Campaña Nacional por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, y presentada por la diputada santafesina Silvia Augsburger, que termina su mandato en diciembre. Este proyecto -cuyo debate en comisiones ni siquiera se habilitó- perderá estado parlamentario el 1º de marzo del año próximo.

"Los y las legisladoras nacionales son cómplices en la suma de estas tragedias evitables, porque no habilitan el necesario debate en el parlamento nacional. Es necesario hablar de abrto sin eufemismos ni moralina", indicó Marité Yanos, integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y de Mujeres Autoconvocadas Rosario (MAR).

El drama de este fin de semana se desató el sábado a la tardecita, cuando María no pudo resistir la alta dosis de medicamentos que Zabaletta le dio para combatir la infección. La precariedad de la práctica abortiva fue determinante en el desenlace. El día anterior, la comadrona le había puesto algunas inyecciones, y también una sonda. Por falta de práctica, se supone, le costó encontrar el cuello del útero, y ató un extremo de la manguera al pie de la paciente, con una cinta adhesiva. Después de esa primera intervención, María fue en moto hasta la casa de un familiar. Y volvió a la casa de Zabaletta, donde estaba parando. Al día siguiente se sintió muy descompuesta, pero no toleró los medicamentos que le inyectaron para reanimarla.

La pareja de Zabaleta, César Lugo, fue de inmediato a la seccional 15 para denunciar lo ocurrido. Allí lo derivaron a la comisaría 11, que correspondía a su barrio. Una vez que el hombre contó sobre la muerte de la chica, un grupo de policías se apostó en la puerta de la casa. Pero Zabaletta fue a entregarse en la comisaría por su propia voluntad. Estuvo detenida en la 11 hasta ayer a la tarde, cuando la trasladaron a la Alcaidía de Mujeres.

Una vez que Zabaletta relató lo sucedido en sede policial, los efectivos ingresaron a la casa de Isola 347 bis, y encontraron el cuerpo de la joven en un baúl, así como inyecciones y la sonda. La primera intención de la mujer había sido ocultar lo ocurrido, pero luego -ante la actitud de su pareja y su propia desesperación- decidió ir a la policía.

Sobre la víctima, se sabe que era soltera. Ayer a la tarde llegaron a Rosario la mamá y la tía de la víctima, quienes -según dijeron- estaban al tanto del motivo del viaje. La jueza de instrucción en turno, Alejandra Rodenas, escuchará hoy a la imputada y recibirá también los resultados de la autopsia.

La de María es la quinta muerte que se conoce este año en la provincia de Santa Fe como consecuencia de abortos realizados de manera precaria. Carina Aguirre, de 30 años, murió el 20 de febrero en el hospital Provincial. Tenía tres hijos. Perla murió al día siguiente, en el mismo centro asistencial. Ana Machuca falleció el 10 de marzo, en el hospital Regional de Reconquista. María Silvia Solís, de 22 años, una joven de Piamonte, mamá de una niña discapacitada de sólo tres años, murió por aborto inseguro en el hospital Iturraspe de Santa Fe, el último 30 de septiembre. El sábado, María Díaz, ni siquiera llegó a un hospital. Se presume que la causa clínica de la muerte fue un exceso de anestesia. Pero el verdadero motivo fue la falta de recursos para acceder a una práctica segura, que en el mercado clandestino es muy costosa.


La comisaría 11, adonde llegó la acusada de practicar el aborto para relatar lo ocurrido.
Imagen: Alberto Gentilcore
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“Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información.” Rodolfo Walsh, ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), 1976.
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Quetzalcoatl

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Apagá la Tele - Encendé tu Cerebro

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soldado esposo

"Canción del esposo soldado"
"Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo."
Miguel Hernández